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jueves, 9 de enero de 2014

CRÍTICA: LA LADRONA DE LIBROS

Liesel Meminger es una niña es adoptada por una familia de Múnich durante la segunda Guerra Mundial. Cuando su padre adoptivo Hans le enseña a leer, ella se propone una peligrosa tarea: robar libros prohibidos por los nazis antes de que desaparezcan para siempre. 

La Ladrona de libros es una novela transcrita al cine. Capítulo a capítulo.  Palabra por palabra. Con una aseada fotografía de Florian Ballhaus, una dirección artística muy cuidada y sobretodo una procelosa BSO firmada por John Williams. ¿Pero hay algo más?

Me explico. Considero que la literatura y el cine son medios distintos y que usan lenguajes diferentes a pesar de tener puntos en común. El primero lo hace con la letra, siendo un instrumento narrativo más reflexivo y empleando las palabras para que cocinemos los ingredientes en nuestra imaginación.  Siguiendo la metáfora, el cine ya esta cocinado y es en cierto modo un método mas obvio. No obstante, el celuloide requiere de un trabajo mucho más físico para llevar a cabo la visión que los responsables tienen del proyecto.

El director british televisivo Brian Percival junto al guionista Michael Petron deciden seguir al pie de la letra el texto original, obviando lo mencionado. Su intención es ser fiel al libro lo máximo posible, para respetar la memoria del fan acérrimo del bestseller. Pero bajo el punto vista de este humilde crítico, esa decisión implica varias bajas. Sin resultar aburrida, el film es demasiado lento en ocasiones, estático y reiterativo. Su carga emocional a pesar de tener grandes actores como Geoffrey Rush, Emily Watson o la protagonista de Sophie Nélisse a veces se hace más opaca y fría de lo que debería. I sobretodo el leitmotiv de la cinta acaba relegado a una mera anécdota que se antoja anti climática. Y eso cuesta cuando tenemos a un director elegante pero sin personalidad (con alemanes hablando inglés con acento)


Pero respondiendo al enunciado de esta reseña...si, hay algo mas que una cinta de bonito envoltorio. La adaptación de la novela de Markus Zusak tiene aciertos mas allá de su aspecto formal. Empezando por la propia historia que es una mirada curiosa a la Alemania nazi de cuna humilde y tan bien ambientada que directamente nos lleva allí como espectadores. Además, el relato está lleno de una pasión contagiosa por la prosa y su poder intelectual. Y un espíritu idealista en tiempos oscuros tan llena de romanticismo y honestidad que (casi) nunca cruza la barrera del melodrama azucarado o morboso. Y como he mencionado antes, la familia protagonista esta soberbia.


Conclusión: un film que se ve con agrado pero cuya adaptación excesivamente literal se antoja tan cumplidora como desaprovechada.

NOTA: 5


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