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jueves, 13 de febrero de 2014

CRÍTICA: ALABAMA MONROE


Si en la reciente " A propósito de Llewyn Davis" las canciones folk saplicaban el film como caja de resonancia de los personajes ocurre lo mismo con el bluegrass en esta Alabama Monroe. Dicha coincidencia es el único punto en común de ambos relatos aunque los dos comparten una visión descorazonadora de la vida; ya que los protagonistas són golpeados en el corazón hasta el paroxismo.

Si en la reciente " A propósito de Llewyn Davis" las canciones folk salpicaban el film como caja de resonancia de los personajes ocurre lo mismo con el bluegrass en esta Alabama Monroe. Dicha coincidencia es el único punto en común de ambos relatos aunque los dos comparten una visión descorazonadora de la vida; ya que los protagonistas son golpeados en el corazón hasta el paroxismo.

Por su parte, Alabama Monroe es la historia de dos padres cantantes de country que un día se enamora, tienen una hija y cuando esta cumple 6 años, le diagnostican un cáncer. Tan duro como eso. Y sin embargo, bajo el punto de vista este cronista, la primera hora de film no puede ser más irregular. Su estructura fragmentada en esta ocasión resta más que suma y la intromisión de los elementos panfletarios, se atojan forzados.

Hay grandes momentos que avecinarán el destino por el que tendrán que recorrer los caracteres pero la desconexión con ellos es preocupante. Y no es de labor de los intérpretes ni los personajes si no un montaje algo caótico y desde mi punto de vista, fallido que prefiere confeccionar instantes de postal ( con toque freak, por supuesto) que secuencias puramente genuinas.

Sin embargo, todos esos escollos se solucionan en una segunda hora fantástica donde el montaje funciona como elemento desengrasador y contraste del presente. El film configura los personajes y sus posiciones morales con sutileza hasta, que sin embargo, estalla en momentos con tesis de manual chirriando la composición como un arañazo en una pizarra. No obstante, un final con tintes psicodélicos y lynchianos hace subir el nivel de este relato sobre pájaros estampados en cristales, pieles marcadas de pintura y sentimiento e identidades que rompen crisálidas.

En el final del camino, nos quedan grabados al fin Elise y Didier pero deambulando en un limbo conglomerado.  Los entregados cuerpos de Veerle Baetens y Johan Heldenbergh que les dan vida o hacen borrar que en el fondo, el film del belga  Felix Van Groeningen, obtiene resultados más cerca de lo óptimo que lo notable.

NOTA: 6,5

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