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viernes, 12 de noviembre de 2021

CRITICA: JOHN WICK 3

En los primeros compases de John Wick 3 vemos a John Wick huyendo por la gran Manzana de Nueva York con el rostro del héroe caído en su cara. A su vez, mientras vemos la figura de este personaje ya icónico ahogado por los rascacielos, los neones y la masificación de su propia ciudad, vemos en una de las pantallas ni nada mas ni nada menos que Buster Keaton subido a una locomotora en la Maquinista de la general. Este elemento que podía pasar por alto por mas de uno no es nada casual; ya que al igual que el inicio de la anterior entrega en el autocine, se trata de una referencia meta cinematográfica que es todo una declaración de intenciones nada mas asomarnos por esta cinta. En ella, se nos establece un paralelismo sobre el cómico mudo y el personaje de Keanu Reeves en esta franquicia, como aludiendo al propio John Wick como nuevo héroe acrobático de rostro impávido del celuloide.

Dicho símil, independientemente de lo que nos parezca nos dice mucho qué es la saga John Wick y, sobre todo, el universo que se ha ido construyendo en la saga. Según el director de las tres entregas  hasta el momento ( la primera junto a David Leitch y todas con libreto de Derek Kostlad), el director Chad Stahelski la saga seria algo así como una amalgama del cine de los espagueti western de Sergio Leone, el Akira Kurosawa de los siete samuráis, el cine made in Hong Kong, el anime japonés y los films de acción de Steve McQueen y Charles Bronson.

Pero lo mejor de todo es que eso es la base del invento ya que lo hace grande John Wick es no solo todo eso, sumado a sus referencias culturales dispares, sino su mitología clandestina que eleva los bajos fondos del cine negro clásico estadounidense a una escala globalizada y con una estética tan estilizada como de contrastes. Una iconografía que en la primera entrega nos presentaba una especie de limbo en forma de hotel para asesinos, que en la segunda se expandía hasta convertir ese microcosmos en una cadena internacional de hoteles regidos por una Alta Mesa y que en esta tercera entrega, sigue expandiendo un poco más el universo y el de sus roles a la vez que nos regala como es costumbre la mejor ensalada de tiros en la cabeza y golpes que probablemente veremos este año.

Porque tampoco nos engañemos. John Wick es eso. Acción, Acción y luego acción. Y en ese sentido, sin olvidar todo lo antes mencionado, la película empieza como un tiro desde el minuto 1 dándolo todo. No en vano, la primera parte del film es el mejor inicio de un actioner que uno recuerda en mucho tiempo. En ella, asistimos a varias secuencias de acción donde las coreografías enmarcadas en ese mundo de neón tan característico del Wickverso son espectaculares, imaginativas y tan bien orquestadas y violentas, que podríamos decir que son algo así como las de la saga de Redada Sangrienta pero sin el desfase de hemoglobina de estas ( o también porque no decirlo puro John Wick elevado al cubo). Tras ese inicio frenético que demuestra otra de las grandes cualidades de la cinta que es su montaje (mas allá del puramente métrico donde John Wick mantiene su esencia de limitar los cortes en las set pieces), el film prosigue en el segundo acto, en un escenario atípicamente exótico en la saga donde se nos presenta un mosaico de nuevos recursos expresivos al son del característico Gun Fu de la saga. El tercer acto cerrará la travesía dejando el espectador con mas interrogantes que nunca; dejando para mi la nota menos positiva de todo el conjunto. Y es que si bien los bien ejecutados giros de guion y el clímax a lo Operación Dragón wickinesco son un buen cierre para la función, creo que la decisión de esta entrega de abrazar mas que nunca su condición de serial (esto no es un final de saga ni por asomo) la afecta tanto en trama como en la acción y no de forma positiva; como si aflojaran el ritmo para reservarse en futuras entregas.

No obstante, mas allá de ese síntoma endémico del cine comercial actual, John Wick es una magnifica película de acción…y de actores. Y es que en esta entrega, aparte de traernos los habituales rostros de Ian McShane como Winston o Laurence Fishburne como The Bowery King, la cinta presenta nuevos personajes como los rostros de Halle Berry y Angelica Huston elevando aun mas el nivel actoral de la saga. Y es que en el apartado actoral todos están magníficos porque aunque en esta entrega haya más minutaje dedicado a set pieces de acción que nunca, los actores tienen material con el que trabajar tanto a nivel de libreto como de gramática audiovisual.

Porque para terminar, antes que me extienda demasiado, quiero dejar claro que mas allá de una cinta de acción, John Wick 3, al igual que sus anteriores cintas, no es un ejercicio de intelectualización forzada. Es un canto de amor al cine desde la propia autoconsciencia de la postmodernidad y como tal se puede disfrutar tanto de forma meramente superficial como una película de acción al uso, como incorporando en la ecuación todo el subtexto mencionado. En la mano de cada uno está el elegir que camino tomar, igual lo hace John Wick, ateniéndose a su vez tanto a las causas como a las consecuencias.

Nota: 7CRI

CRITICA: BLADE RUNNER 2049


 Ahora parece que la ciencia ficción es más bien un marco geográfico y temporal para ubicar una cinta de acción o fantasía pero no es así.El género, nacido en los albores del siglo XX, reflejaba así la preocupación de los avances de la ciencia a la vez que hacia una reflexión de la condición humana, fruto de la mutabilidad de un mundo que aún es el de hoy y también parece que lo será mañana.

El cine cada vez ha tendido a una aparatosidad del género sobretodo en el referente al cine de grandes estudios, no asi en la literatura con gente como Isaac Asimov o Philip K Dick como máximos exponentes.Éste último, uno de los más adaptados al cine fue la primera semilla de la primera Blade Runner, la obra más fiel a su espíritu literario, gracias a la labor de Hampton Fancher como guionista y de Ridley Scott, que fue quien acabó en la silla de director.
Ahora, Hampton Fancher repite en el libreto mas de treinta años después, aunque sin el relato del autor de El hombre dorado como base para crear su secuela. Esta vez, las reglas del juego son diferentes. El anterior Blade Runner fue un milagro de múltiples desencuentros que terminó con la reescritura del guión por David Webb Peoples y luego diversos montajes de Ridley Scott, insatisfecho con la versión que llegó a estrenarse en cines. Ahora, parece que Fantcher ha tenido esa autoría que quedó desdibujada en su día, Ridley Scott ahora ejerce de productor y Denis Villeneuve, el director con más proyección del momento, para hacerse cargo de un proyecto que tiene mucho que ver con su cine.

Visto el resultado, la ecuación funciona a nivel superlativo. Extraño, siendo la película original una obra maestra, pero ésta ha conseguido una obra personal que a la vez es fiel y respeta la esencia del mundo de Blade Runner a la vez que lo expande. Para todo ello, está todos los nombres atribuidos al proyecto. Desde uno de los mejores cinematógrafos actuales, Roger Deakins, pasando por los nombres ya citados o el de un Hans Zimmer en su versión inspirada supliendo la baja de Vangelis. Sin olvidar, claro está, los actores tanto los que repiten -Harrison Ford está mejor que nunca- como los nuevos, pasando por Ryan Gosling, Robin Wright Penn, Dave Baptista, Mackenzie Davies, Jared Leto…y un largo etcétera.

Personalmente, creo que será dificil borrar el recuerdo de la original de mi cabeza. El tiempo lo dirá, pero por ahora me ganan ciertos detalles. Creo que la atmósfera era algo más “sucia” y “claustrofóbica” y su capacidad de síntesis en forma de aparente sencillez la hacen, al menos para mí, una obra probablemente aún mas apreciable. Pero esta nueva película no solo está incluso por encima del hype más optimista, sino que es una de las mejores películas del género en muchísimo tiempo. Porque Blade Runner 2049 no es una cinta de acción al uso. Es una reflexión magistral sobre la condición humana, con múltiples lecturas, que al igual que el original constituye un rayo de luz entre la oscuridad.

NOTA: 9

CRITICA: 1917

Desde el nacimiento del cine, uno de los llamados géneros cinematográficos más comunes es el bélico, inicialmente un elemento de propaganda para alistar incautos (hoy en día muchos aun funcionan así) o para denunciar justamente que eso de matarse es algo inhumano y que aunque la historia de la humanidad parece funcionar de esa forma, no tiene justificación alguna posible. Y entre este subgénero, me atrevería a decir que el conflicto mas abordado es el de la Segunda Guerra Mundial, en detrimento de la Primera Gran Guerra, que actualmente parece tan eclipsada.  Porque, tal y como hace unos días anteriores a este reseña, se apuntaba en el más que interesante artículo de Tim Gray en Variety, los motivos de la Primera Guerra mundial son mas difusos en la memoria colectiva ;así como por la falta de documentación con respecto a la otra gran guerra del siglo XX. Sin embargo, también nos han dado alguno de sus alegatos mas oscarizables como Alas, El Sargento York o Sin Novedad en el Frente, que hoy en dia son muy lejanas en el tiempo o mas recientemente la epopeya spielbergiana de War Horse.

No obstante, al igual que las primeras grandes muestras del genero, 1917 llega en el momento perfecto para tocar la tecla adecuada ( y sÍ, de propaganda nada). Porque esta cinta es, ante todo, una experiencia fílmica al nivel de lo que fue Gravity, de Alfonso Cuarón pero ambientada en la primera guerra mundial. La historia, que sucede en “tiempo real” durante dos horas, esta realizada a través de un falso plano secuencia y nos cuenta la historia de dos soldados (magníficos Dean-Charles Chapman y George MacKay  al 200% en pro del film), que tienen que atravesar varias millas de territorio enemigo con un mensaje que de no ser entregado, provocaría una masacre en sus filas.Argumento simple, historia demoledora, ejecuciónde maestros por parte de los auténticos protagonistas del film que, en este caso, son los que se encuentran detrás de la pantalla y de los que destacaremos los tres principales; más allá del excelente trabajo de los actores británicos que intervienen en toda la cinta: El director Sam Mendes, el director de fotografía Roger Deakins y el compositor Thomas Newman.

Empecemos por el primero, que aparte de dirigir, es autor del guion junto a Kristy Wilson-Cairns. Todo empieza a través de la anécdota que el abuelo del realizador le contó acerca de ese suceso real y fue entonces cuando Mendes decidió fichar esta guionista, experta en iconografía de la Primera Gran Guerra, para asesorarle el proyecto y escribir el libreto con él. Gracias a ese trabajo de documentación, la cinta tiene un diseño de producción, vestuario y atrezzo que te teletransporta a las trincheras, un paso mas allá de la simple reconstrucción. Pero eso no seria lo suficiente si no tuviera un libreto que no funcionara prácticamente como un reloj, cosa que por fortuna no es el caso.

¿Pero como transmitir esa historia de supervivencia y de forma vivencial?  Pues aquí entra en la ecuación,  Roger Deakins, ganador el año pasado tras su gran carrera por su excepcional fotografía de Blade Runner 2049, que realiza aquí si cabe una de sus mejores trabajos, muy en la línea de lo que últimamente nos tiene acostumbrados. A través del sistema de estabilizadores de de cámara Trinity, permite que los operadores que realizan ese trabajo se metan en las trincheras y los sigan igual que otro soldado mas, dejando atrás los sistemas de raíles de las dollys o el empleo de steadycams al uso. Y esto hace que el trabajo sea tan excepcional, no sólo a la hora de falsear las cortes del “falso plano secuencia” de forma que ni te enteras si no por el nivel de composición que realiza el director de fotografía, jugando con las luces y las sombras al nivel de sus mejores trabajos. Habemus otro Oscar… Y también por la dirección de Mendes, simplemente fantástica,  y máximo coordinador de toda esta locura.

Entonces, amén de su excelso trabajo sonido, queda el tercer gran pilar del film Thomas Newman , cuya banda sonora aparece inicialmente escondida como si se ocultara en las trincheras para luego saltar al campo de batalla.  En ese momento, cuando el film reúne lo mejor de estas áreas mencionadas para convertirse en lo que es:Un trabajo para ver en un primer visionado al cine de forma obligada, ya sea en su versión en IMAX o en 2:39: 1, tanto por lo que trasmite como por la forma en que lo hace.

En definitiva, una cita ineludible para todo cinéfilo , seas o no fan del género, aunque un aviso para navegantes antes de acabar. Si solo buscáis la típica cinta bélica con muchas batallas, no es vuestra cinta. Para todos lo demás, Sam Mendes y su 1917, revalorizando en el cine este conflicto tan olvidado para entretenernos y, a la vez, hacernos ser mejores de lo que somos.

NOTA: 9'5

CRITICA: 6 UNDERGROUND

 A veces me pregunto que pasaría si Walter Benjamin, ese pensador que en el primer tercio del siglo pasado reflexionaba sobre la mirada distraída de los consumidores ante la saturación de imágenes capitalistas, resucitara y viera una película de Michael Bay. Probablemente, le daría un patatús que le haría regresar de nueva a su tumba porque el cine de Michael Bay es la hipérbole de todo aquello que el filósofo ponía en la palestra elevado a la máxima potencia. Su montaje rápido, sus imágenes sobresaturadas, su cámara lenta gratuita y la (casi) neutralización de la narrativa en pro de la pirotécnica histérica y compulsiva dentro de los parámetros del régimen de lo absoluto…Michael Bay es todo eso, 6 Underground no solo no es menos, si no que además aquí al haberse quitado el andamiaje del blanqueamiento HASBRO que tenia que sufrir con sus Transformers; Michael Bay está más desatado que nunca, disfrutando de la calificación R como cuando Deadpool cuando aterrizó en la gran pantalla.

No en vano, Ryan Reynolds es el protagonista de esta cinta dirigida por el californiano y con guion de Paul Wernick y Rhett Reese (guionistas de la sagas Zombieland y la citada Deadpool) que nos cuenta su propia versión de las cintas de acción grupales, desde Misión Imposible, Los Mercenarios, Fast and Furious  o hasta Ocean’s Eleven: la historia de un equipo de 6 tipos con recursos infinitos que quieren derrotar a un dictador para que el mundo sea un lugar mejor. No mucho que rascar de su premisa mas allá de la ironía implícita que sea Michael Bay quien pretenda concienciarnos de los males del mundo. Más aun cuando el film cita a Shakespeare y reflexiona sobre el arte a través de su épica grandilocuente. “En el arte, los héroes siempre ganan. En la vida real, es distinto” dice el villano en un momento del film dejando en claro la postura sobre la relación entre cine (ficción) y realidad de la cinta; aunque en la práctica lo verosímil resulta tan anecdótico como los monumentos florentinos afectados al inicio del relato (una puñetera locura), axioma que luego se prolongará en Hong Kong y la alocada escena final con gagdets, revoluciones express imposibles y libertadores del product replacement.

Sin duda alguna, esta cinta no ayudará a reconciliarse con sus detractores. Si bien el libreto no te restriega el patriotismo USA como otras del cine de Michael Bay ya que los protagonistas están fuera del sistema (aunque alguna que otra bandera se cuela el plano), su estética de anuncio y su predilección por el turismo de masas y del petrodólar es un subtexto tan evidente que solo tiene dos caminos: ser consciente de ello e ignorarlo en pro del entretenimiento o echarle las manos a la cabeza  durante 130 minutos y lamentarse de la desfachatez. Yo he tomado el primer camino, y he de decir que he disfrutado de la cinta; sabiendo del mismo modo que esto no era El Irlandés o Marriage Story y que el chip ante estos productos baythem tiene que ser distinto al de cintas como los que acabo de citar. Además, a pesar de su montaje sincopado, reconozco que he podido distinguir mejor la acción que la mayoría de escenas de acción de Transformers, algo que me sacaba de esa saga y que aquí, por fortuna, no me sucedió (aunque aquí no vale tampoco pestañear)


Y es que este film tiene tantos placeres epidérmicos y ritmo (cuando mas acción mas funciona su cine, a excepción quizá de su gran obra Dolor y Dinero con la que comparte esta su insano humor) que se le perdona incluso ese pequeño bache tras la persecución florentina antes de volver a coger impulso. Al fin y al cabo, incluso este “auteur” tiene presentar mínimamente los personajes aunque sea de forma histérica; debido a que aun no ha llegado hasta esa abstracción absoluta de 2 horas de explosiones sin control que parece querer abrazar su cine (le queda poco, eso si).  Así que, mientras llegue ese momento y los puristas preparan sus armas, los amantes de la acción sin complejos podemos disfrutar esta versión sangrienta de su cine con chistes políticamente incorrectos, personajes tan locos como esa ex agente de la CIA terminator de una Melanie Laurent desatada o un Ben Hardy haciendo parkour filmado con GoPro; sin olvidar y en definitiva, que en el fondo, su épica cíclica para la generación TDHA quizá nos entretiene entre otras cosas porque también nos define, incluso con sus múltiples contradicciones, más de lo que en un principio queríamos reconocer.


NOTA: 8

CRITICA: LA GRAN MENTIRA

La sociedad del bienestar nos ha traído una edad promedio cada vez mas avanzada. Esta gran noticia es el principal motivo de una sociedad mas heterogénea con un respectivo público cada vez mas amplio con targets de diferentes edades y diferentes sensibilidades. Es por eso que propuestas como la que hoy nos ocupa son necesarias, ya que rompen la tendencia de la hegemonía postmoderna aunque sea volviendo a las claves clásicas porque hay cosas que siempre vienen bien; al igual que tomar un té con pastas en la campiña inglesa. Sin embargo, a veces se tiende no ya a crear un producto amable si no tan manufacturado que carece de toda aura artística. Algo que por fortuna no ocurre con esta 

La Gran Mentira, ya que es un film con cierta magia y de una factura tan elegante como caminar con bombín y “umbrella” en las calles londinenses, y de tan agradable visionado como ver caer la lluvia a través del interior de una cabina telefónica roja.

Sin embargo, los principales motivos para ver este film no reside en su dirección de un atinado Bill Condon ni la fotografía Tobias A. Schliessler, aunque se les ve más cómodos a ambos que en el recital live action de la Bella y la Bestia, ejerciendo de maestros de ceremonias de este thriller british. Tampoco en el libreto saltimbanqui de Jeffrey Hatcher  adaptando a la gran pantalla una novela de Nicholas Searle cuyo truco final se antoja para este crítico, como mínimo, discutible.

Lo que realmente hace que esta cinta valga la pena tiene dos nombres y dos apellidos: Ian McKellen y Helen Mirren, los dos protagonistas de una historia que se sustenta gracias a la química de estas estrellas de la actuación. El primero lo hace interpretando a un estafador profesional y la segunda, la viuda que el truhán quiere engatusar. Decir que ambos interpretes están magníficos es poco ya que ellos son pura magia. De hecho, Ian McKellen ya es conocido por hacer magia desde que Gandalf condujo a un grupo de enanos, elfos, hobbits y humanos por la Tierra Media, y aquí no es una excepción. Además, bien acompañado por la citada Helen Mirren. El matiz que le dan a cada gesto y cada palabra es digna de estudiar. Y lo mejor de todo, es que parece que lo hacen sin inmutarse, como si fuera el pan de cada día dar tal recital sea lo que sea que tengan que llevar adelante.

NOTA: 6



Puede parecer un tópico pero La gran mentira es de esa clase de propuestas que ya vale la pena verse por el oficio de las partes implicadas, como aquellas de antaño donde el actor era el gran “efecto especial de la cinta”. De ese modo, este film de mirada clásica utiliza el cine de estafas del gato y el ratón para rendir cuentas con el pasado con una mirada puesta en el nuevo status quo que creo que es muy de agradecer. Se recuperan algunas esencias de la tradición mas figurativa del cine, aunque sin caer en la visión anacrónica y arqueológica. Y quizá el film no invente nada, pero se sigue con interés tanto por el trabajo de los dos protagonistas (en realidad, el resto del elenco también esta muy bien aunque eclipsado por el dúo principal) como por la trama picaresca que  dentro de sus parámetros nos lleva que coquetear con gancho por la trama romántica, el drama histórico y el cine criminal.

En definitiva, La gran mentira es más que una recomendable película para el que busque un entretenimiento de estas características, y además es la constatación de una evidencia; Helen Mirren y Ian McKellen son dos actores soberbios. Y eso, por fortuna, es una gran verdad.

CRITICA: FROZEN 2

 Una de las principales razones del éxito de la primera Frozen en 2013 fue el cambio de paradigma recuperando la fórmula clásica de las películas de Disney clásicas. En una primera hora redonda, la cinta presentaba las mejores canciones de Disney en muchos años con un sabor añejo a VHS de los 90 pasado por el filtro de la nueva animación digital y un ritmo trepidante. Acto seguido, con alguna leve caída de ritmo bajo mi prisma, llevaba la historia a un terreno inexplorado e interesante ya que confirmaba con plot twist incluidos la reconfiguración de los cánones del relato clásico de toda la vida; sin dejar de salir dentro de la fórmula familiar que tanto ha hecho por la memoria cinéfila animada.

De ese modo, Disney creó un icono de la diferencia y la emancipación, Elsa, que con su “Let it go” dejaba claro que Disney se adaptaba a los nuevos tiempos, creando un personaje diferente y único que rompía los arquetipos tradicionales que nos habían presentado hasta entonces. El resultado barrió en todo el globo y la secuela estaba cantada pero la pregunta…¿Qué harán con Frozen 2, la secuela? ¿Podrán mantener la esencia frozeniana?

La respuesta a estas preguntas es que Frozen es más que una digna secuela, concentrada en potenciar lo que funcionó en la anterior y seguir la fórmula creada en su antecesora, cuyos puntos más flojos para un servidor, derivan justamente de esa subordinación estructural a la cinta anterior. Aparte de su excelente acabado visual, la cinta se sustenta en tres pilares a modo de estratos: las canciones, los personajes (sobre todo Elsa) y el mensaje inclusivo dentro de los parámetros frozenianos. Y esto es justamente a su vez su talón de Aquiles. Tras un buen inicio, la cinta pone el foco más en los personajes que en la trama general y esta creo que acaba algo descuidada, como si fuera un pretexto para llevar los personajes a determinado punto; cuyas mayores sorpresas radican sobretodo un cambio de discurso que si bien creo que pertinente me parece pobremente explorado. Eso no significa que la cinta no sea entretenida (que lo es y cumple de sobra como entretenimiento familiar) pero es más musical de Broadway que nunca y menos de aventuras de lo que cabía esperar.

Parece que Disney consciente de las ventas del soundtrack de la primera Frozen ha puesto empeño en crear otra lista de hits y en eso hace un trabajo espléndido, si bien el intento por recrear “Let it Go” en “Show Yourself” es tan descarado que particularmente creo que le resta algunos puntos en ese sentido. La pregunta que nos tendríamos que hacer es… ¿Eso es bueno o malo? Depende de lo que prefiera cada uno, claro está. Personalmente, aunque adoro su recuperación del cine musical de la época de la Sirenita o Aladdín hubiera preferido una cinta más orgánica como el cine de la época de los años 80-90 que intenta emular.

Lo que sí estoy mas de acuerdo es en el papel que tiene la reina del hielo en esta secuela. No en vano, Disney es consciente de que amén de darle un sentido argumental a la franquicia, Elsa es el personaje con más posibilidades y la alma de la función; y si bien le da espacio a cada uno de los personajes, es a Elsa la que le da un trato especial. Y en ese punto, seamos honestos. Muchos temíamos que Elsa perdiera ese punto de irreverencia dentro del canon disneyniano, pero por suerte, la Elsa de Frozen 2 no ha perdido ni su esencia ni lo que la hace atractiva para el público. Y es que Elsa es alguien fuerte e independiente que se siente diferente y no se esconde de ello pero sabe que tiene que encontrar su lugar ya que a pesar de que en la cinta anterior logró la aceptación, sabe que necesita indagar más en su naturaleza para acabar de comprenderse más a sí misma.

Es por eso que el leit motiv de la cinta es su viaje. Una travesía personal que empezará como un canto a la diferencia como en la anterior (indagando en ciertos temas de forma algo más compleja) y termina desde un punto temática a revisitar el pasado; pero no a abrir heridas si no a cerrarlas y crear un nuevo punto de partida. Una evolución interesante pero que creo que queda a expensas de lo que sucederá en el futuro ya que Elsa puede dar aún mucha más de sí. Los productores ya han dicho que este será el segundo acto, así que habrá que ver de qué va el tercero…

Por su parte, los demás personajes siguen una evolución más tradicional aunque reflejando los nuevos roles que ejercen actualmente en la sociedad, a excepción de Olaf, cuyo humor entre lo naif y lo absurdo parece aún bastante resistente a ser encorsetado ( aunque él nos diga que cuando seamos «mayores» lo entenderemos en la excelente When I get Older). Un ejemplo de esa mutación en las relaciones de pareja se encuentra en la de Anna y Kristoff cuyos conflictos amorosos son tan milenials en esencia como arqueológicos en forma. Esto se cristaliza de forma perfecta en la canción “Lost in the Woods”, una de los momentos más refrescantes del film, no solo por lo que refleja si no por su recuperación de su estética videoclipera de los años 80 y 90.

De ese modo, la cinta se resume a sí misma ya que Frozen 2 es una cinta que une pasado y presente para crear un futuro, que no sabemos como será, pero seguramente buscará sacar lo mejor de nosotros mismos; porque como canta Anna en otra de las joyas de la cinta, Disney sabe que después de esto viene «The next rigth thing»….

En definitiva, una buena secuela que busca al mismo público que la anterior, que si bien creo que es inferior a su predecesora, vale el precio de la entrada para disfrutarla con la familia para estas navidades.

NOTA: 6

CRITICA: JASON BOURNE

 Antes de llegar a la saga Bourne, Peter Greengrass era un realizador conocido por su estilo documental. Su film anterior, era la aclamada Domingo Sangriento, film sobre los disturbios en Derry con una forma de entender el cine muy definida. El director nos introducía en la acción con un montaje sincopado, con mucha cámara en mano y una rigurosidad procedimental que te daba la sensación de estarlo viviendo en directo lo que sucedía en el film. No parecía muy probable que el director conservara ese estilo en la franquicia que inauguró Doug Liman con un film de espionaje con reminiscencia a la de los años 70. Pero lo hizo y no solo eso. Si no que convirtió a Jason Bourne en el fenómeno que ha sido la saga desde entonces.

Greengrass fiel a su estilo alternó sus films sobre el agente con material propio donde volvía ejercer su visión de cronista contemporáneo. De ahí salieron United 93 y sobretodo Distrito Protegido y Capitán Philips que, aun siendo estos dos últimos blockbusters, tenían su sello personal. Gracias a la posición que le había dado la saga Bourne se podía permitir “arriesgarse” con films sobre el mundo real de gran presupuesto siendo fiel a su esencia. Algo que cada día mas sigue siendo una proeza en este mundo del cine cada vez mas lleno de lo “mismo”…

Pero finalmente, Greengrass después de decir que lo dejaba ha vuelto a la saga. No en vano, la ocasión era apetitosa. Tanto para Damon como para él, El ultimátum de Bourne cerraba la trilogía del personaje de forma perfecta. Pero en este mundo de superhéroes la oportunidad de tratar un mundo post- Snowden era demasiado jugosa. Y viendo, el fracaso de la relativa innovación que proponía El legado de Bourne, esta vez tenían que jugar sobre seguro. Así pues, había que volver al Bourne de verdad: El que no dice una palabra. El que llega a un lugar, recopila información, huye dando guantazos y persecuciones. Y así hasta las dos horas. Pero con la garantía de que no te vas a aburrir ni un momento.

Y sí, esta película cumple todo eso. Y además, de eso tiene dos secuencias de acción tan bien planteadas y colocadas en el film que vas acabar aplaudiendo al final de cada una de ellas. Sobre todo la primera, la que transcurre en Atenas…¡Madre mía!

Sin embargo, eso plantea el gran inconveniente del film en su defecto. El resto del film siempre cumple, pero no está a la altura de esas dos secuencias. Y lo peor, al final te das cuenta que lo que propone el film tiene algunos cabos que no se han atado del todo bien. Y uno no sabe muy bien si es por desidia, porque se explicarán en una futura secuela o porque les flaqueó la inspiración en algunos tramos. Y eso es algo, que dicho de paso no es tan malo, porque poco importa en este caso. Pero te deja cierto regusto amargo, la verdad. Porque aun cuando se desarrollan las diferentes tramas como si una unidad única se refiera a los diferentes estratos de la misma, éstas no funcionan al mismo nivel.

A pesar de eso, Jason Bourne funciona. No sólo como producto de acción si no como pretexto para Greengrass de sacar su faceta de cronista de este siglo. La crisis económica en Europa contrasta con el lujo de una convención tecnológica en las Vegas como caras de una misma moneda de modo nada casual. ¿Qué nos está diciendo Greengrass con eso? Le sigo dando vueltas a eso. Espero que vosotros también cuando os acerquéis a ver la última de Bourne en los cines. Porque cuando Bourne funciona, no hay nadie quien le tosa…

NOTA: 6.5