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lunes, 11 de febrero de 2013

CRÍTICA: GAMBIT

Misantrópicos amantes del humor negro e irónicos retratistas de la América Profunda. Los Coen tienen un estilo propio o más bien un sentido del humor muy característico que siempre le dan un toque diferente a los clásicos de toda la vida. Sin embargo, en los últimos años están afrontando los géneros a través de la dudosa vía del remake con films como Ladykillers o Valor de Ley con desiguales resultados. 

Sin embargo, la primera vez que los Coen no dirigen uno de sus guiones el resultado esta curiosamente más cercano del único film dirigido por ese tándem con guion ajeno: Crueldad intolerable. Una revisión de la screwball comedy de los años 30 con elementos puramente "Coen" pero demasiado convencional en su desarrollo para el estilo de estos hermanos. Una obra resultona pero menor. Igual que este GAMBIT que no pasará a la historia.

Gambit o un Plan Perfecto como su nombre indica es una película de  atracos con tono abiertamente cómico. Nada nuevo bajo el sol. El subgénero está lleno de esos film de brillantes estrategas que ejecutan su plan como trileros consumados (o no tanto). Esta es la opción que opta esta película donde Harry Dean intenta estafar a su odioso jefe. Un gran Colin Firth que es de largo, lo mejor de la función.

El actor inglés realiza un personaje heredero de los que realizó Peter Sellers con Blade Edwards, un patán que recibe siempre el pastel en la cara y resbala con la cáscara de plátano. Aunque en esta ocasión es un pusilánime muy british y con una extraña elegancia en su modo de interpretar ese personaje tan físico que lo convierte en un gran personaje gracias al trabajo de Firth. Cuesta pensar una elección mejor.

Sin embargo, el resto del elenco está discreto. Desde un casi testimonial Stanley Tucci pasando por un Alan Rickman pasado de vueltas y una Cameron Díaz en modo Cameron Díaz por muy ranchera que sea su personaje. La californiana tiene vis cómica pero está encasillada y hace lo mismo de siempre. Necesita un cambio de registro urgente para revalorizarse.

Por lo demás, un guión con algunas (pocas) sorpresas, bien narrado por Hoffman con momentos realmente divertidos ( la secuencia del hotel básicamente) pero todo es muy convencional. Al verla, sin ser un mal film, uno realmente entiende porque los de Minnesota no se han sentado en la silla de director. Es un Coen muy menor y de ellos esperamos más, MUCHO MÁS.

NOTA. 5,5





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