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lunes, 14 de septiembre de 2015

CRÍTICA: A TODO GAS 7

Durante la promoción de esta entrega, Vin Diesel ha declarado que este A todo gas 7 ganará el premio a mejor película, algo que parece sacado de la chistera del propio Toretto, su mítico rol en la franquicia. No parece probable que los gustos de los académicos coincidan con el perfil de las películas de esta saga y que le hayan dado una oportunidad ni tan siquiera a alguna de ellos. En ese caso, allá ellos. No sería la primera vez que se le escapa de las manos el hecho, que a día de hoy, con la séptima entrega a punto de llegar a los cines, tenemos una saga de las marcan historia, como en su momento lo hizo Star Wars o Indiana Jones.

Pese a quien le pese, la saga de A todo gas es un hito generacional cuya primera entrega, ya de culto, actualizó el western en clave urbanita cambiando los coches tuneados por los caballos, el folk por el reggaetón y los James Stewart y John Wayne de turno por Paul Walker y Vin Diesel, cuya química se convirtió en uno de los pilares de la saga. Fue por eso, tras el abandono de Diesel y luego con la de Walker donde la saga perdió puntos y su éxito se vió afectado. No sólo era el envoltorio. Los personajes tenían vida propia y eran ellos y no los coches lo que representaban ese factor X que la convertía en un tebeo macarra cars explotation en algo más. Algo con vida propia.

Es por eso que la cuarta entrega se vivió casi con un reboot y aunque la saga bebió de las anteriores para ampliar aún su mitología, tuneó el chasis de la franquicia hasta convertirla en un Misión Imposible nitroso, pero manteniendo inmutable aunque ampliable, el concepto de familia, que definía el carácter humano de esos arquetipos.

Y ahora, después del rodaje más difícil de su historia, llega el que quizá sea el cénit. Y es que aunque todo parece que habrá más entregas, como bien dicen los personajes en este film, ahora todo será "diferente". Sí, desgraciadamente, Paul  Walker murió a mitad del rodaje y los responsables decidieron seguir con el film y convertir este Fast 7 en un tributo para él y darle un final al personaje. Parecía la misión más imposible de todas las que se habían enfrentado la familia de A todo gas. Pero creedme. Lo han conseguido. Y eso es la punta del iceberg de la mejor entrega junto a la primera de franquicia.

Y todo esto logro superlativo, amén del equipo habitual, se debe en gran parte a un todoterreno como James Wan, capaz de usar la  tensión y la espectacularidad de una forma magistral. La saga sigue en su esencia pero tener a alguien con el sello del realizador flipino le da una envergadura al universo "furioso" simplemente colosal. Sin ir más lejos, la introducción del malo es un ejemplo. Y es que sin desvelar nada, la presentación del mítico Transporter se trata de otra enésima flipada, pero hecha con manos de un genio que ya nos hizo saltar de miedo con Expediente Warren y ahora nos hace vibrar de forma adrenalínica con este film de guerreros motorizados.

NOTA: 8,5


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