Vistas de página la semana pasada

Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Sitges. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Sitges. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2015

CRÍTICA: OCULUS

Todos tenemos miedo de algo. Pero quizá el elemento común de nuestras pesadillas es el miedo a lo desconocido sea algo natural o lo denominado sobrenatural. Justamente esto último al constituir una realidad tan indescifrable desde el principio de los tiempos es la que la convierte en caldo de cultivo no sólo para nuestros miedos si no para nuestra curiosidad. Esa ambivalencia es una de les bases por el que se constituye el cine de terror ante el amparo de la pantalla de cine.

Allí vemos esos miedos "reflejados", apelativo que le va que ni pintado a Oculus porque usa un elemento  tan común en nuestra vida cotidiana como de gran tradición mística. Y es que si bien no es novedosa esta primera cinta de Mike Flanagan tras un estudio (de hecho, es la adaptación de uno de sus primeros cortos al formato largo), su prolongación de la vía Insidious bien lo parece por la frescura que transmite el conjunto.

Flanagan realiza una firme puesta en escena con la pulcritud que mandan los cánones, aunque es sobre todo a partir del tempo que le imprime el montaje y la forma en la que une con una facilidad pasmosa sus líneas narrativas, la que la convierte el film en un entretenimiento de terror espectral tan entretenida como interesante, en la que se ponen sobre la palestra algunos temas que el género acostumbra a tratar de forma mas tangencial.

Sin ir más lejos, en la cinta, la huérfana reciclada en cosmopolita encarnada por Karen Gillan, intenta desenmascarar el mal gracias a la tecnología. Una premisa que constituye una de las bases del film que, amén de recalar en el imaginar colectivo y conjugar un efectivo blockbuster low cost de sustos, reflexiona sobre nuestra búsqueda infructuosa del sentido de las cosas, primero en el empirismo y por ende, en la tecnología.

NOTA: 6

viernes, 23 de enero de 2015

CRÍTICA: COHERENCE

Alomejor me llamarán loco, pero sinceramente, yo soy de los que piensan que el universo es un conjunto tan inexorable y cuántico como fascinantemente surrealista, como un visita al Museo Reina Sofía de Madrid. Es por eso que no puedo dejar de disfrutar como un profesor chiflado con premisas tan kamikaze como Enemy de Villeneuve y, en este caso, por la vencedora con toda justicia (para un servidor, claro) como el mejor guión en Festival de Cine Fantástico de Sitges 2013: Coherence, la ópera prima de James Ward Byrkit.
 
Mejor que vayan virgenes de su premisa al cine, pero si quieren saber un poco mas, ahí van unos apuntes sobre el film (cuyo estreno en salas tras Sitges 2013 sucedió...¡un año después!) En este caso, subimos a las estrellas, los algoritmos mas bellos e indescifrables del cosmos, para remontarnos al año 1923, en Finlandia. Es allí donde empieza nuestro relato cuando un cometa que surcaba el espacio hasta acercarse a una velocidad pasmosa a la Tierra provocó que un pueblo entero de Finlandia quedase totalmente desconcertado y desorientado, originando comportamientos muy extraños en sus habitantes. Sin ir mas lejos, se cuenta que una mujer de ese pueblo llamó a la policía alertando de que el hombre que estaba en su casa... no era realmente su marido. ¿Caprichos cosmológicos o alucinaciones cuánticas? Sin embargo, el film empieza décadas más tarde un grupo de amigos en Estados Unidos, deciden reuinirse para cenar y observar juntos un cometa al tiempo que uno de ellos recuerda el relato anterior. Lo que parece una leyenda sin fundamento, acabará siendo una realidad palpable...cuando la historia se repite con ellos como protagonistas.

Y es que, amigos, Coherence es una intriga claustrofóbica de física cuántica sobre las realidades paralelas. Ahí es nada. Un film nada fácil que se va enredando como un ovillo de lana partiendo de un grupo de amigos en una casa mientras pasa un cometa y que demuestra de nuevo, que en la era 2.0, la democratización de los recursos cinematográficos solo nos puede dar alegrias. Si bien es cierto que tampoco me parece un film perfecto...

Y es que, aunque el director estructura en exceso los actos del impro-show que dio pie al film, creo que a la vez se recrea demasiado en unos diálogos insubstanciales en una película interesante ( por supuesto) pero le cuesta horrores arrancar. Un film que con otro montaje creo que hubiera sido mucho mejor de lo que es pero tampoco no es nada desdeñable y que contiene sobretodo un inspirado segmento final.  Es ese final, cuyo clímax de intriga cómico-cósmica-cuántica, la que la convierte en uno de los films de poder mas sugestivos de los últimos años en el cine independiente (con elementos tan icónicos como esas linternas incandescentes y la cálida fotográfia de la casa), que, amén de sus limitaciones, tiene mas números para conseguir la etiqueta de culto.

NOTA: 7


jueves, 8 de enero de 2015

CRÍTICA: FILTH (EL SUCIO)

Aviso para navegantes: Filth no es para estómagos sensibles. No es que el film sea el festival gore de Rob Zombie. Nada de eso. Es que es una radiografía delo peor del ser humano como especie; concentrada en un policía tan ominoso que a su lado Torrente es un bendito. Sin embargo, y aunque el film se vista de comedia salvaje (y de humor negrísimo) es más bien un estudio sobre la parte más repulsiva del ser humano (con un James Mac voy en el mejor papel de su carrera). Si, el chico de “El último tren de Escocia” tenía que apartar el mainstream USA y dejarse llevar por un escocés con ganas de dinamitar las mascaradas y señalarlas de forma dañina para mostrar todo lo que es capaz como actor; siendo el ojo del huracán de esta galería de imágenes de indignidad humana. El actor de “La desaparición de Eleanor Rigby” se construye en el barro y se pulveriza hasta los cimientos, dejándose la piel. Actuación demoledora, oigan. Una auténtica masterclass de acting.


No en vano, Filth (que en inglés significa “mugre”, no podría ser otra cosa”) es una adaptación de un texto del autor que inspiró Trainspotting y ese nihilismo está comprendido en esta catarsis fílmica de las que no se olvidan. Ya sea por el tour de force, por la cantidad de "mugre” en todas sus formas (sobretodo moral) que traspasa la pantalla y empapa al espectador, y sobre todo por ese viaje cuya estación término es el desnudo del mal; que queda en pelotas como un mero rompecabezas inacabado. Si como decía Burroughs en el Almuerzo Desnudo son de aquellos de los que buscan "diamantes en el culo de un cadáver", suban al nuevo tren de este texto nacido de la pluma de Irving Welsh y conducido por la alucinógena dirección de Jon S. Baird. 

Un recorrido que además del impío protagonista incluye un profesor loco  que habita en la perturbada mente de su protagonista (grande Jim Broadbent) entre muchas sorpresas en su galería de secundarios (Eddie Marsan, no digo mas). Sí, hay veces que querrán apartar la mirada de la pantalla. Pero creo que al final todas esas piezas de exceso forman parte de un fin encomiable. Así que ya saben, mi consejo es que se suban al ferrocarril desbocado de Filth. ¡Y que vayan preparados!

NOTA: 7'5