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viernes, 23 de enero de 2015

CRÍTICA: COHERENCE

Alomejor me llamarán loco, pero sinceramente, yo soy de los que piensan que el universo es un conjunto tan inexorable y cuántico como fascinantemente surrealista, como un visita al Museo Reina Sofía de Madrid. Es por eso que no puedo dejar de disfrutar como un profesor chiflado con premisas tan kamikaze como Enemy de Villeneuve y, en este caso, por la vencedora con toda justicia (para un servidor, claro) como el mejor guión en Festival de Cine Fantástico de Sitges 2013: Coherence, la ópera prima de James Ward Byrkit.
 
Mejor que vayan virgenes de su premisa al cine, pero si quieren saber un poco mas, ahí van unos apuntes sobre el film (cuyo estreno en salas tras Sitges 2013 sucedió...¡un año después!) En este caso, subimos a las estrellas, los algoritmos mas bellos e indescifrables del cosmos, para remontarnos al año 1923, en Finlandia. Es allí donde empieza nuestro relato cuando un cometa que surcaba el espacio hasta acercarse a una velocidad pasmosa a la Tierra provocó que un pueblo entero de Finlandia quedase totalmente desconcertado y desorientado, originando comportamientos muy extraños en sus habitantes. Sin ir mas lejos, se cuenta que una mujer de ese pueblo llamó a la policía alertando de que el hombre que estaba en su casa... no era realmente su marido. ¿Caprichos cosmológicos o alucinaciones cuánticas? Sin embargo, el film empieza décadas más tarde un grupo de amigos en Estados Unidos, deciden reuinirse para cenar y observar juntos un cometa al tiempo que uno de ellos recuerda el relato anterior. Lo que parece una leyenda sin fundamento, acabará siendo una realidad palpable...cuando la historia se repite con ellos como protagonistas.

Y es que, amigos, Coherence es una intriga claustrofóbica de física cuántica sobre las realidades paralelas. Ahí es nada. Un film nada fácil que se va enredando como un ovillo de lana partiendo de un grupo de amigos en una casa mientras pasa un cometa y que demuestra de nuevo, que en la era 2.0, la democratización de los recursos cinematográficos solo nos puede dar alegrias. Si bien es cierto que tampoco me parece un film perfecto...

Y es que, aunque el director estructura en exceso los actos del impro-show que dio pie al film, creo que a la vez se recrea demasiado en unos diálogos insubstanciales en una película interesante ( por supuesto) pero le cuesta horrores arrancar. Un film que con otro montaje creo que hubiera sido mucho mejor de lo que es pero tampoco no es nada desdeñable y que contiene sobretodo un inspirado segmento final.  Es ese final, cuyo clímax de intriga cómico-cósmica-cuántica, la que la convierte en uno de los films de poder mas sugestivos de los últimos años en el cine independiente (con elementos tan icónicos como esas linternas incandescentes y la cálida fotográfia de la casa), que, amén de sus limitaciones, tiene mas números para conseguir la etiqueta de culto.

NOTA: 7


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