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domingo, 25 de enero de 2015

CRÍTICA: WHIPLASH

Con los dedos pulgar e índice, sostén las respectivas baquetas y empieza a marcar el ritmo de la orquesta. Toca. Sigue tocando. Y no te equivoques. Si lo haces, aunque sea lo más mínimo, prepárate para sufrir las consecuencias: Te humillarán, te abofeatarán o incluso que te pueden tirar una silla en la cabeza. ¿O es que crees que Charlie Parker no tuvo que pasar por eso para convertirse en Bird? ¿Crees que esto iba ser un camino de rosas, mequetrefe? El éxito es sacrificarlo todo. Pero el fin justifica los medios.

Damien Chapelle nos presenta este escenario un film que como el Cisne Negro de Darren Aronofsky, nos habla de los tortuosos caminos hacia el estrellato, pero aquí no hay ninguna compañía de ballet, sino un conservatorio. Chapelle usa mas el thriller y la comedia negrísima, en la que Terence Fletcher, un profesor con modales de Coronel Kurtz enseña a sus alumnos como si fuera una escuela militar. 

J.K.Simmons está mejor que nunca (que ya es decir, por eso ganó el Globo de Oro como mejor actor secundario), pero Miles Teller no se queda atras mientras se deja la piel (nunca mejor dicho) en un papel empujado a tocar incluso con los dedos rasgados a fin de cumplir su sueño.

La cinta se asienta en tres pilares básicos como no podría esperarse más de un film tan elemental como visceral en su premisa: Los 2 personajes (profesor y alumno) y un director/guionista que firma el libreto que, al igual que la muy diferente Grand Piano (film de Eugenio Mira que, sin embargo también construía el tempo musical como territorio de thriller al límite), muestra el sacrificio que el mundo de la música supone para el artista: Un lugar donde la moral no parece tener lugar o queda suspendida en el dilema.

Pero Whiplash es mucho más que eso. Es una experiencia. Como Gravity, Birdman o Avatar, pero hecha con menos dinero, una película pequeña, pero muy grande, que sabe usar los silencios, las tomas como si fuera una partitura incesante y con "grip" infernal. 90 minutos con un apabullante clímax de 15 minutos que te deja sin aire y ganas de bis. Un uso del montaje y el sonido que alcanza su cénit para una obra adictiva, cuyo único punto negro es que nos la sabemos entera. No, argumentalmente, no hay novedad. Una vez nos presentan las reglas de su mundo, la demostración física de sus tesis se convierte en el único leitmotiv de la cinta como si un film de acción espéctaculo se tratara.

 Pero...¿Y qué más da? Sigue siendo descomunal. ¿Cuántas películas te dejarán sin respiración? AHORA mismo en cartelera una que lo hizo nada más ni nada menos que en Sundance. Y se llama Whiplash.

NOTA: 8,5

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