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martes, 6 de enero de 2015

CRÍTICA: MOMMY

Hay gente que a los 25 años sigue dejándose la piel en los estudios universitarios para labrarse un futuro. Pero también hay otros que a esa edad han dirigido y escrito 5 películas a sus espaldas (de las cuáles, han protagonizado 3). Además, que se han convertido en la revelación de los últimos años del cine independiente y han ganado el Premio de Jurado en Cannes, ex-aqueo con Jean Luc Godard. ¿He dicho otros? No, falso. Sólo hay uno. Alguien a quien la crítica ha querido etiquetar como una mezcla de Wong Kar Wai y Almodóvar por su particular gusto formal y temáticas comunes, pero que tiene una voz propia. Se trata de Xavier Dolan, que después de su deslumbrante ópera prima Yo maté a mi madre, vuelve a los temas maternos con su cinta mas celebrada por la crítica: Mommy.

No es para menos. Mommy es una de las propuestas más frescas del año de un cineasta que, bajo mi prisma, siempre me ha gustado más cuando ha tratado temas más familiares desde su prisma. De hecho, el film recupera el espíritu de su debut y vuelve a retratar la complicada relación (con tintes claramente autobiográficos que el propio Dolan nunca esconde) sobre la relación con su madre. 


Así pues, el director de Laurence Anyways nos traslada en una Canadá ficticia, donde se aprueba una ley que permite que los padres angustiados abandonen a sus hijos enfermos en el hospital y se centra en un núcleo familiar en ebullición. En este seno corrosivo, Diane "Die", una valerosa viuda, decide educar ella misma (junto a su vecina Kyla) a su hijo Steve, que padece ADHD, haciendo oídos sordos al resto del mundo que quiere que ceda ante la legislación ya mencionada. Una travesía con sus sombras, pero también con sus luces: Un film sobre la lucha, el esfuerzo, el sacrificio, el amor y la esperanza en tiempos cínicos. Todo un acto de rebeldía. 100% Dolan.

Es por eso que el film nos encierra en un formato de imagen en 4:3 para jugar con la estrechez de la pantalla y sentir la intensa opresión de sus protagonistas. El resultado es deslumbrante e intenso en el film "más gritado" de la carrera del canadiense. Y es que quedarnos atrapados con esos personajes histriónicos nos angustiará en más de un momento, pero nos hará vivir su mundo con sus pros y contras, como ellos lo viven. No obstante, las virtudes ganan por goleada. Dolan siempre sabe jugar con su juego en donde otros se ahogarían en un vaso de agua. Su uso de la música pop funciona como caja de resonancia en la historia y no como mero postureo, (Ojo al momento Wonderwall y no digo más) así como a esa fotografía tan cuidada  de André Turpin, que desde el minuto uno de su filmografía siempre ha estado presente.

Si bien es cierto que hay veces que esa impertinencia de su cine tiene un punto de arrogancia, que puede cargar al espectador. Pero es que, a la vez de lo mencionado antes, Dolan firma su cinta más humana y cálida con una fuerza emocional a la alcance de pocos. Humanidad y revolución. Todo en uno. Eso es lo que ha convertido en Mommy en unas de las sensaciones fílmicas del año. Así que por mi parte, sólo tengo que deciros...¡que no os la perdáis!


NOTA: 8


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