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viernes, 23 de enero de 2015

CRÍTICA: EL AMOR ES EXTRAÑO

Existen aún muchos tabús en el cine. Uno de ellos, es la homosexualidad, cuya temática sigue aún muy anclada en el cine social e independiente y habitualmente tratado de forma estereotipada por el cine mas comercial. Y si ya hablamos ya del colectivo gay de mas de 50 años, parece no existir en la pantalla. Es por eso que " el amor es extraño" (presentada en la Sección de perlas de San Sebastián con una notable acogida del público) intenta hacer un dramedia clásica y amable de un sector tan poco tratado, es un filón mas que reinvidicable.Ira Sachs lo hace en este "El amor es estraño", que aborda de forma ligera la historia de una pareja de homosexuales en la última y atípica etapa de su vida.

El realizador emplea un tono amable, con un exceso de banda sonora, y da la impresión que desaprovecha el material que tiene entre manos sobre todo a su elenco protagonista: Marisa Tomei, John Ligthhow y Alfred Molina. Sin embargo, huye tanto del efectismo y trata de forma tan familiar cuestiones tan interesantes de acercar al mainstream que, sin duda, se merece una oportunidad. Además, el final apunta a que quizá sea la cinta mas de lo que parece y eso es todo un logro.

La historia empieza en la boda de George o Ben, en la representativa isla de Manhattan, una zona en la que ambos se han criado desde que eran realmente pequeños y que ahora ve como se unen en matrimonio tras casi 40 años de vida en común. No obstante, sus planes se verán muy trastocados llegado el momento y su salido del armario pública provocará que George sea despedido de su trabajo. Este contratiempo hace que la pareja crea conveniente marcharse a otro lugar más asequible para sus posibilidades económicas, lo que provoca su separación temporal al tener que mantener su idílica relación desde la distancia. Ben se desplaza hasta Brooklyn para compartir piso con su sobrino Eliot y su familia. Por su lado, George comienza una nueva aventura en lo que a la convivencia se refiere junto con un par de detectives que también se encuentran afrontando un romance algo complicado. 

Sachs filma con tacto un film muy clásico, que intenta evocar espíritu del drama familiar como Yasujirō Ozu, aunque lejos de dichos referentes. Si bien el cineasta de Memphis demuestra un buen gusto por el encuadre, por manejar el subtexto y de algunas decisiones de economia narrativa y poética, envidiable; también creo que su ligereza acaba por limitar la obra. Y es que el director de films como Keep the Lights On, plasma a veces un retrato tan pulcro como superficial que se vanaliza demasiado por dos motivos: El primero radica en su música. Y es que el film pierde el fuelle en cada imagen por culpa de la uso excesivo de banda sonora, demasiado melosa e intrusiva que parece mas propia de la etiqueta de "drama de sobremesa", algo que su dramaturgia mas sutil parece ir por un camino completamente diferente. Y el otro principal escollo del, por otro lado, entretenido film, es que da la impresión que se desaprovecha el material que tiene entre manos sobre todo a su elenco protagonista: Marisa Tomei, Alfred Molina y sobretodo un gran John Ligthow, que se encuentra desubicado en un mundo en el que parece que "no pinta nada".

Sin embargo,  la cinta huye tanto del efectismo y trata de forma tan familiar cuestiones tan interesantes de acercar al mainstream que, sin duda, se merece una oportunidad. Además, el final apunta a que quizá sea la cinta mas de lo que parece y eso es todo un logro. Ya que mas que una cinta sobre dos personajes del mismo sexo, en sus últimos compases se descubre un film mas solapado y aún mas interesante: uno que nos intenta dar una lección de vida al enseñarnos distintos tipos de amor. Un curioso paralelismo con Boyhood, que haria un buen programa doble sobre la importancia de los buenos sentimientos en este viaje apasionante llamado vida.

NOTA: 6

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