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lunes, 16 de marzo de 2015

CRÍTICA: EN TERCERA PERSONA

Paul Haggis me parece un gran guionista...cuando trabaja para otros. Su toque en Casino Royale le proporcionaba las mejores réplicas al Bond encarnado por Daniel Craig, así como son notorios algunos de los trabajos más celebrados para Clint Eastwood, como Million Dollar Baby o Cartas de Iwo Jima. Pero cuando el canadiense firma sus historias y se coloca detrás de la cámara, no me convence.

Ya no lo hizo con su Crash, que me parece uno de los films más fallidos que ha ganado un Oscar, tanto que hasta el propio autor declaró que ni él entendió tal fenómeno. Y con su vuelta al mundo de las historias cruzadas, vuelvo a quedarme casi sin asideros para defender su trabajo. Miento: Hay diálogos, escenas, actuaciones, que considero casi memorables. ¿Entonces porque este En tercera persona no funciona? Por el intento ensimismado de Haggis de ahogar el conjunto con una trascendencia tan barroca como de cartón piedra.

¿De qué va esta película? Eso es lo que se pregunta uno mientras ve el film con varias historias que funcionan más como situaciones que como argumentos porque no tienen arcos narrativos sólidos. Y es que una vez hemos realizado la asimilación de sus universos, el film sólo funciona a ráfagas a pesar de la entrega de sus intérpretes sobretodo por la desbordante química de Liam Neeson y Olivia Wilde.

El problema no es que Haggis no tiene material para hacer 5 cortometrajes /medio metrajes y hace de una de un metraje abultado por lo que "cuenta", sino que su estrategia consiste en una mascarada: El experimento radica en disfrazar el film en un entramado tan rocambolesco como tramposo. Al final, Haggis intenta "atarlo" todo, destruyendo el relato con un juego de espejos irrisorio tan insostenible como indescifrable.

 No es que Haggis haya querido rebatir las expectativas del espectador como un "supuesto" camino de migas de pan enterrado bajo el metraje, es que el film se salta las normas una vez más del pacto tácito entre espectador-autor al diseminar un mapa filosófico de forma tan burda como su concepción. Una mapa que parece que tiene un nombre que al menos, para el cine, (obviaremos el tema teológico) no ha tenido resultados fructíferos artísticos: Cienciología.

Eso por no hablar de la cantidad de tiempos muertos del film, aún cuando éste se centra en las dos más a priori mas apacibles: La del escritor Liam Neeson y la de un Adrian Brody sumergido en una especie de comedia de ambiente neorrealista italiano. Pero eso es antes que el film caiga en una melancolía (que calificaría de vacua vanidad) que impregna todo el metraje y reduce por colapso todas los ingredientes que lo podían hacer atractivo al espectador. Está claro que Haggis ha jugado con los mecanismos de la narración pero el resultado de sus experimentos es, al menos para este servidor, un sin sentido. Y es una lástima.

Porque creo que en algún lugar aquí había una buena película y la cirugía que ha llevado a cabo el artífice de Crash, ha terminado con ella. Lo bueno, que formalmente el realizador ha mejorado. Y que la próxima sea "mejor", aunque su filmografía en solitario, particularmente me da por el momento pocas esperanzas a, como alude una de las temáticas del film y que podría ejercer de paradoja hipertextual del mismo: En "confiar" en su cine como "auteur".

NOTA: 4

miércoles, 7 de enero de 2015

CRÍTICA: BLUE RUIN

Los Hermanos Coen ganaron el oscar con una cinta que supuso cierta ruptura en su cine (mas viniendo de una dupla comercial cada una mas "fallida que el anterior). Cine negro muy físico, increíblemente austero y donde la trascendencia y el silencio eran protagonistas junto a un villano memorable encarnado porJavier Bardem. Sí, estamos hablando de No es País para viejos, cuya persecución de gato y ratón tiene mucho que ver con la del vagabundo Dwight, sobretodo en el enfoque que Jeremy Saulnier (quien dirige, escribe y firma la fotografia) le ha dado a este Blue Ruin. 

Ganadora del Premio FIPRESCI en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes en el 2013, la cinta dosifica e indaga lo justo en el leitmotiv del personaje protagonista. Un personaje marcado por un hecho traumático que vive sólo para la venganza y cuyo momento acaba de llegar. Cocida a fuego lento, la cinta se deja llevar por la contundencia de la imagen en este thriller low cost y clava varias imágenes de la retina por su dureza y convicción con la que construye un film bastante sólido; pero cuyo minimalismo a veces le agua un tanto la fiesta a su director debutante. El ritmo no siempre funciona (no aburre, pero si a veces tiene caídas de ritmo) y su austeridad parece querer insuflar el film de una importancia tonal que quizá debería esquivar. No importa. Aquí está el final griego donde toda la carne se pone en el asador y salpica a los espectadores. 

Y es que Blue Ruin  no solamente es una muestra no sólo de un talento incipiente si no de la capacidad autocrítica del cine USA. También es un signo palpable de como las voces de las nuevas generaciones de directores parecen tener pocos tapujos a la hora de mostrar su forma de ver las cosas. O dicho de otra manera y referente sobre todo al que nos ocupa: del mismo modo en que captamos la realidad, sin pátinas cinéfilas de lenguaje impostado de por medio. Así el film, en su naturalismo oscuro estremecedor, puede oler tanto a pólvora y a sangre, sin coartadas de manual, en esos films sorprendentes que demuestran que la democratización del empleo de los medios fílmicos, es la mejor noticia del cine en años.

NOTA: 7


martes, 6 de enero de 2015

CRÍTICA: MOMMY

Hay gente que a los 25 años sigue dejándose la piel en los estudios universitarios para labrarse un futuro. Pero también hay otros que a esa edad han dirigido y escrito 5 películas a sus espaldas (de las cuáles, han protagonizado 3). Además, que se han convertido en la revelación de los últimos años del cine independiente y han ganado el Premio de Jurado en Cannes, ex-aqueo con Jean Luc Godard. ¿He dicho otros? No, falso. Sólo hay uno. Alguien a quien la crítica ha querido etiquetar como una mezcla de Wong Kar Wai y Almodóvar por su particular gusto formal y temáticas comunes, pero que tiene una voz propia. Se trata de Xavier Dolan, que después de su deslumbrante ópera prima Yo maté a mi madre, vuelve a los temas maternos con su cinta mas celebrada por la crítica: Mommy.

No es para menos. Mommy es una de las propuestas más frescas del año de un cineasta que, bajo mi prisma, siempre me ha gustado más cuando ha tratado temas más familiares desde su prisma. De hecho, el film recupera el espíritu de su debut y vuelve a retratar la complicada relación (con tintes claramente autobiográficos que el propio Dolan nunca esconde) sobre la relación con su madre. 


Así pues, el director de Laurence Anyways nos traslada en una Canadá ficticia, donde se aprueba una ley que permite que los padres angustiados abandonen a sus hijos enfermos en el hospital y se centra en un núcleo familiar en ebullición. En este seno corrosivo, Diane "Die", una valerosa viuda, decide educar ella misma (junto a su vecina Kyla) a su hijo Steve, que padece ADHD, haciendo oídos sordos al resto del mundo que quiere que ceda ante la legislación ya mencionada. Una travesía con sus sombras, pero también con sus luces: Un film sobre la lucha, el esfuerzo, el sacrificio, el amor y la esperanza en tiempos cínicos. Todo un acto de rebeldía. 100% Dolan.

Es por eso que el film nos encierra en un formato de imagen en 4:3 para jugar con la estrechez de la pantalla y sentir la intensa opresión de sus protagonistas. El resultado es deslumbrante e intenso en el film "más gritado" de la carrera del canadiense. Y es que quedarnos atrapados con esos personajes histriónicos nos angustiará en más de un momento, pero nos hará vivir su mundo con sus pros y contras, como ellos lo viven. No obstante, las virtudes ganan por goleada. Dolan siempre sabe jugar con su juego en donde otros se ahogarían en un vaso de agua. Su uso de la música pop funciona como caja de resonancia en la historia y no como mero postureo, (Ojo al momento Wonderwall y no digo más) así como a esa fotografía tan cuidada  de André Turpin, que desde el minuto uno de su filmografía siempre ha estado presente.

Si bien es cierto que hay veces que esa impertinencia de su cine tiene un punto de arrogancia, que puede cargar al espectador. Pero es que, a la vez de lo mencionado antes, Dolan firma su cinta más humana y cálida con una fuerza emocional a la alcance de pocos. Humanidad y revolución. Todo en uno. Eso es lo que ha convertido en Mommy en unas de las sensaciones fílmicas del año. Así que por mi parte, sólo tengo que deciros...¡que no os la perdáis!


NOTA: 8


domingo, 6 de julio de 2014

CRÍTICA: OPEN WINDOWS

Es difícil de encontrar palabras para definir una propuesta como esta. Y aun más, prácticamente imposible obviar todo el contexto de una cinta tan autoconsciente como esta del mundo de la industria cinematográfica actual. Así pues la mejor forma de entender Open Windows empieza por el backstage y termina por la valoración subjetiva de este cronista a la salida de la sala del cine; el cual simplemente quiere pasar 90 minutos de entretenimiento olvidando los posibles entresijos del mismo y valorando únicamente, el resultado en la pantalla. Pero tal y como he dicho, en Open Windows, es imposible.

Imposible porque, sobre todo desde los primeros minutos, Nacho Vigalondo lo deja claro: esto es un egotrip sobre él y sus amigos como si fuera un Ocean Eleven patrio, aunque resultados mucho más pretenciosos y  bajo mi prisma, absolutamente fallidos. Vigalondo sueña con hacer un cinta capaz de romper el lenguaje cinematográfico y encumbrar el explotation; con violencia, voyeaurismo sexual y rock and roll. Sin embargo, el libreto se pierde no sólo argumentalmente gracias a una jerga inteligible (sobre todo a partir del minuto 40) si no que estira su premisa porque su enfoque no funciona desde el momento en que empieza el show. Básicamente a partir del minuto 15, donde asistimos a una secuencia de acción vista desde diferentes puntos de vista a la vez. Y es aquí donde me doy cuenta que todo el montaje no va a funcionar al menos conmigo. ¿Porqué? Pues porqué el exceso de información, reduce la tensión bajo cero la misma, desconectandóme de todo lo que pasa en la pantalla ya sea un truco o no. En definitiva: lo que hubiera funcionado desde el punto de vista tradicional,  considero que no funciona para nada en el nuevo estilo del film. 

Pero a partir de ahí la cosa no mejora. Todo al contrario. El invento está destapado a las primeras de cambio y aunque cambie la cámara, la idea de múltiples ventanas apenas variará.  Tampoco la pantalla partida al estilo de la série 24 funciona. Porqué si se estira tanto el recurso hasta la extenuación como aquí ocurre, uno no puede focalizarse en nada ni de un punto de vista no ya emocional sino argumental. Sólamente hay la excepción de algunos minutos de cámara subjetiva. Sin embargo, estos nos recuerdan a la última versión de Maniac dónde el mismo Elijah Wood hacía otro slasher que el firmante preferia olvidar.

Y hablemos de lo que me parece un mal endemico que está afectando al género y que viene ser el talón de Aquil.les de esta troupe de directores que aunque considero de gran talento, desaprovechan su potencial: Los guiones; y  más concretamente, su concepción del " todo vale" como juego fílmico. Dicho peaje conlleva la suspensión de incredulidad a niveles estratosféricos. No es que la película haga concesiones. Si no que como ocurria con Grand Piano, lo reduce todo a una série de disparates que me alejan aun más del conflicto. Sin ir mas lejos... ¿Porqué algunos personajes acaban teniendo una estulticia tan descomunal, al servicio de la "trama"?  ¿Porqué me da la impresión que todo pasa por que sí, obviando cualquier desarrollo mínimamente lógico? Rara vez se justifica con éxito y si es con carisma al estilo de los producciones action hero, aún la estoy esperando.

Asi pues, nos encontramos con el abismo: Vigalondo navega 97 minutos durante esa peripecia sin encontrar NADA. El realizador nominado al óscar juega con traspasar el límite pero los daños colaterales son demasiado considerables. Ni un montaje elaborado para imprimir ritmo, ni sus puntos de giro constante enmascaran que las secuencias llena de capturas de pantallas irritantes y otros recursos pixelados sean un castillo de naipes tan aparatoso como hueco. Es como si Vigalondo hubiera inventado un esperanto llena de tantos errores que en vez de ser útil para entenderse, es para justamente lo contrario. Quizá ese goce barroco gustará a los incondicionales de la explotación cultural pero los que buscamos sobretodo propuestas de otro tipo seguiremos esperando que alguien innove con resultados mas óptimos y mas concordes con nuestra concepto del cine.

NOTA: 1

domingo, 2 de marzo de 2014

CRÍTICA: ¡OH BOY!

Ya no entiendo a la gente. No entiendo ni una palabra de lo que dicen. ¿A que parece un idioma distinto?” Eso es lo que dice uno de los personajes de esta “¡Jo que noche!” desencantada y suburbial. Que recoge la esencia berlinesa de antros oscuros de madera, de lavabos garafateados por artistas y un pasado doloroso en cada esquina. De ahí el blanco y negro. No hay color en esta cinta porqué es imposible que exista cualquier cosa que no sea gris en el mundo de "¡Oh Boy!".

La historia es sencilla. 24 horas en la vida de Niko, un perdedor en el que le pasan mil y un infortunios en un limbo sin salida. Es algo que en el cine actual hemos visto con mucha asiduidad. A propósito de Lewyn Davis, Cuando todo está perdido...Son ejemplos de diferentes formas de tocar esta única melodía que desgraciadamente parece la metáfora más representativa de nuestro tiempo. En el caso de hoy, ( que recuerda a la francesa The Age Atomique por su onirismo noctámbulo y suburbano ) la cruenta historia de la Alemania reciente, está presente con ecos de pasados que siguen sin cerrarse. Pero no es un film sobre las huellas de un país si no de un joven de hoy en día que podría ser de cualquier parte del mundo.

Este Niko que está interpretado por solvencia por Tom Schilling atraviesa un mundo que navega por el nihilismo, el humor absurdo y a veces por el lynchismo para radiografiar la juventud de hoy. Esos jóvenes que tendrían que levantarnos y que no sólo están perdidos, si no que tienen que robar del plato de los mendigos para pagar un café. Y, con recursos mínimos capta esa esencia en su acotado metraje el realizador Jan Ole Gerster ; a través del compás jazzístico de The Major Minors y Cherilyn MacNeil donde a veces nos hace creer que estemos viendo una cinta de Woody Allen.  Parte de la estrategia de mostranos que aunque la vida pueda ser una sombra colosal, también puede ser una comedia negra misantrópica. Así que tomemos nota ante esta ópera prima. Quizá el futuro de Niko no sea muy halagüeño. Pero del director de esta pequeña gran cinta si que lo és…

NOTA: 7



jueves, 23 de enero de 2014

CRÍTICA: OTELO



Dice el famoso clown francés Philippe Gaulier sobre Stanislanski y su método actoral. "Ha convertido a los directores de escena en curas, que dicen: tú ahora debes sufrir, llorar como llorabas en el entierro de tu madre, acuérdate de tu madre ¡Esto es terrorismo y es lo que gusta a muchos profesores de teatro!" Si bien es cierto que el famoso método fue en realidad una tergiversación de "las escuelas de élite" no es cierto que en el mundo del arte dramático uno de los sistemas preferidos por (algunas) escuelas es esa metodología nauseabunda que prescinde de los derechos humanos a favor de un resultado actoral "óptimo".  Seguramente el Hammudi Al-Rahmoun Font director, comparte este punto de vista. Sin embargo, el mismo cineasta, visto delante de la cámara y mutado en un Yago postmoderno es harina de otro costal Y eso es lo que juega la película. Un documental que juega a difuminar la línia del mockumentary de tal forma que no sabes si lo que ves es real o no.

Todo ocurre en el rodaje de un film sobre el Otelo de Shakespeare. Una adaptación intensa, arriesgada. Con un director dispuesto a sacar el máximo de sus actores, sin escrúpulos morales de ningún tipo. El precio de la fama en apenas una hora de película. Cuchillo en la yugular para esos presuntos gurúes del arte. Sin aspavientos. El film nos presenta un triángulo amoroso donde los lados se fusionan hasta convertirse en uno solo escenario de tortura mental que nosotros contemplamos como odio y repulsión. 

Si bien, el escaso y concreto metraje y mensaje del film funciona como un reloj, quizá le falte ese arrebato y genio que tienen las grandes películas para que este "Dogville" sea una obra de calado. Otelo es contundente pero aún con su irreverencia es demasiado "correcta" en sus esquemas. Además, Yago engulle a las demás piezas del tablero y aunque el resultado es notable, bajo mi punto de vista el conjunto dramático queda un tanto desdibujado/desaprovechado.

Pero no por ello, este valiente film,no deja de ser un aviso a navegantes tan necesario para profesores como alumnos, como seres humanos que lo somos todos. Si bien es cierto que a Hitchcock se le atribuye la frase " Los actores son ganado", dicha sentencia no puede ser mas erróneo. Porque los actores, ante todo, como la totalidad de la raza humana, son personas.

NOTA: 7

martes, 14 de enero de 2014

CRÍTICA: THE GRANDMASTER

Wong Kar Wai es de esas personas que han nacido con un talento innato para esto del cine. Uno de esos elegidos con un mundo personal que nace a través de etéreas imágenes; que componen un cine suspendido en el tiempo y que se retroalimenta por mágico y puro azar. Una forma de brotar tan insólita como espinosa en ocasiones. Y tan difícil de adaptar para un público occidental aunque te llames Harvey y Bob Weinstein...

Eso es lo que han hecho los reyes de la industria de Hollywood con la obra de Wong Kar Wai, existiendo diferentes montajes sobre la aproximación del director de Happy Together a la vida del mentor de Bruce Lee. El que nos llega a España, aún respetando con mácula, tanto la esencia como las señas de identidad del hongkonita, predomina la acción. Si Wong Kar Wai nos había acostumbrado a plasmar romances con trasfondos históricos turbulentos, aquí la historia de amor habitual queda relegada a un segundo plano. Lo que aquí le importa el cineasta nacido en Shangai es otra cosa: un mosaico de la historia de China del siglo XX donde a traves del kung fu como leitmotiv vemos un pueblo dividiendose hasta las cenizas donde cada movimiento es una parábola pertinente. El de un mundo, el actual, que también se está haciendo añicos. Y donde los personajes se expresan a tortazos. Tony Leung como Yp man y Zhang Ziyi como Er Gong son los rotos protagonistas de esta historia sobre ambición, dolor y poder para conseguir transmitir un conocimiento que acabará caducando como las latas de piña de Chungking Express.

Lejos de la poesía mas ostentosa de otro maestro Zhang Zimou, Wong no realiza el gran espectáculo floral con artes marciales al estilo "circo de soleil”, si no una coreografía íntima como la alma oculta y reprimida de sus personajes como metáfora de las luchas. Un estilo minimalista que casa con el carácter onírico del director de 2046 con detalles preciosistas como la secuencia inicial; un combate en la lluvia para el recuerdo eterno y que evoca por atmósfera a una lujosa recuperación de su segundo film, Días Salvajes o el clímax que intentaron fallidamente los Hermanos Wachoswki en la saga Matrix.

La pena es que la parte final el film lleno de momentos llenos de maestría acabe perdiendo fuelle. Y lo hace por varios motivos: el puzzle cronológico que crea el cineasta acaba resultando tan fragmentado como desencriptable (el personaje de Chang Chen acaba siendo el mas perjudicado). El hecho que no ayuda a que la parte final recuerde tanto a Deseando Amar ya que el nuevo film sale perdiendo por agravio comparativo. Y que da la sensación en el último sintagma de este " The Grandmaster"  que el director no sabe cómo acabar la cinta. Porque que el genio del working progress ha tenido el rodaje más dilatado y confuso de su carrera; algo que irremediablemente se transmite en sus cintas y más que nunca en ésta. Eso si, ni Wong Kar Wai  ha perdido la esencia, ni el montaje occidental le hace un flaco favor a los demás (recomiendo visionar el montaje original del director de forma complementaria). Simplemente, es otra forma de conseguir hacer llegar al espectador (a veces de forma algo más fría de lo que debería) una historia sobre valores a la baja y la importancia de mantenerlos a flote, en un mar de corazones rellenos de anhelos. Y una de artes marciales espectacular, también. 

NOTA: 7

domingo, 7 de abril de 2013

CRÍTICA: L' AGE ÁTOMIQUE ( ATLANTIC FILM FEST)


¿Aceptamos juventud como sinónimo de problema? El arte a partir del siglo XX hace apuntar a que si; sobretodo en los países de cultura capitalista como USA. El disparo de salida lo realizó en 1904 el psicólogo G.Stanley Hall en su libro " Adolescente"en el que anunció el "descubrimiento" del adolescente norteamericano; y en donde definió la famosa "edad del pavo" en una etapa de sturm and stress (tempestad y agitación). Stanley se adelantó a la herencia que décadas después les dejaría a las nuevas generaciones las dos grandes guerras: Rebelde Sin Causa de Nicholas Ray retrató ese malestar de la juventud en el cine y convirtió a James Dean en el referente de una generación tan joven como perdida.

Ahora, 50 años después, la juventud post 11 S y post crisis mundial es retratada por Héléna Klotz en L’âge atomique. Dos amigos se van de juerga parisina una noche. Tan sencillo como eso. Y a la vez tan efectivo. Un hipnótico relato concentrado en poco más de una hora de duración que deambulan entre luces de neón, fracasos rotos y la mas profunda soledad.

Dominick Wojcik y Eliott Paquet son los protagonistas de esta historia gaseosa encarnando a juguetes rotos que parecen replicantes de Blade Runner en una París irreal.Uno de ellos intenta besar desesperadamente a una chica. El otro se siente abrumado por el deseo que siente hacia su amigo. Apenas hay argumento y sin embargo, la história nos hipnotiza hasta su conclusión metafórica. Pero también para este crítico, esta obra también le resulta algo insatisfactoria. Parece que Héléna Klotz se queda sin discurso en los últimos compases; realizando un desenlace redundante y dando la impresión, que mas allá de la experiencia sensorial, la cineasta se ha quedado en la superficie del problema. Si, están sólos y perdidos. Eso ya lo sabíamos al principio. ¿Y algo mas?

En definitiva, un viaje extraño con una última estación algo amarga para mi gusto pero una buena odisea parisina, casi espiritual. Que se apaga poco antes de cruzar los 60 minutos pero que resulta estimulante  y entretenido si uno se deja llevar. Si, para este humilde crítico podría haber sido mas pero lo es tampoco no está nada mal.

NOTA: 5,5

sábado, 6 de abril de 2013

CRÍTICA: WRONG ( ATLANTIC FILM FEST)

La comedia nació como una necesidad humana de reírse del mundo que nos rodea. Muchos han querido desprestigiar su carácter lúdico como un proceso de pura evasión y simpleza (cosa que no es cierta. Hacer reír es muy difícil). Es por eso que desde a finales del siglo pasado, un movimiento llamado post-humor apareció con ganas de revalorizar el género, a través de unos recursos nada convencionales donde el surrealismo fichaba a la crítica mordiente. Wrong seria uno de esos ejemplos.

Wrong narra la historia de Dolph, un hombre al que le han secuestrado a su perro y decide encontrarlo a toda costa. En su camino se cruzará con una série de personajes y eventos a cada cual mas surrealista; en una obra que empieza con un despertador que pasa de las 7:59 a las 7:60 en vez de las 8:00; algo similar a lo que le ocurría a Bill Murray en su comedia mas celebrada: Atrapado en el Tiempo.

Por fortuna, no estamos ante una concanetación de escenas divertidas sin discurso articulado. Esta claro que el film esta organizado a través de secuencias donde se busca el gag de forma evidente pero mas allá de ser una sucesión de sketches, el nuevo film de Quentin Dupieux denuncia a través del chiste extravagante.  Y pone en la palestra el sentido de los mecanismos sociales actuales: desde la vida laboral pasando por los valores familiares, etc; cuya finalidad es poner en relieve la incomunicación que estos modelos pueden provocar al ciudadano medio ( y lo absurdo que son estos principios). Y sobretodo lo hace en la figura del protagonista del film: un magnífico Jack Plotnick cómico, tierno y decadente. Todo a la vez. Además de una galería de personajes secundarios impagable como la recepcionista interpretada por Alexis Dziena o Master Chang, un gurú de autoayuda que en la película tiene el rostro del actor William Fichtner.

Pero Wrong no es un film para todos los gustos. Su sentido del humor es chocante, raro y puede desconcertar y alejar a mas de un espectador. En mi caso, yo entré en el juego del film y no sólo disfruté con las risas que pretende arrancar el producto al público. También lo hice con el subtexto. Así que disfruté mucho de esta propuesta que me hizo reír y pensar. Dos cosas muy sanas que a veces nos olvidamos de lo importantes y poderosas que son...

NOTA: 7

sábado, 26 de enero de 2013

CRÍTICA: CORIOLANUS


El cine no es teatro. Son medios distintos con lenguajes diferentes. En el primero los actores que se ponen delante de la cámara tienen que dominar el arte de la sutilidad pues cada gesto en una pantalla se magnifica. Pero en un teatro no tenemos ningún filtro para captar esos momentos y los actores tienen que "sobreactuar"; exagerar su interpretación para llegar tanto a la primera fila como la última. ¿Y por qué os cuento todo esto? Porque este es el principal motivo por la que este Coriolanus me parece un film absolutamente FALLIDO.

Los actores sobreactúan. Todos (menos Jessica Chastain y en menor medida Brian Cox). El resto entienden que para decir el texto de Shakespeare hay que hacerlo gritando; realizando una actuación 100 por cien teatral en un medio que no es el suyo (Y además teatro del malo porque el de calidad si tiene matices). Aquí sólo la actriz protagonista de "La noche más oscura" con un rol bastante secundario es la única que hace medianamente creíble el texto del dramaturgo británico.


 Porqué la adaptación tampoco funciona. No cambiar ni una coma y adaptarlo a la época actual es una labor casi imposible; más verosímil en un escenario pero no en la sala. Otro error de un Ralph Fiennes (director y protagonista del film) que cree que con una buena factura técnica (sobre todo en las escenas de acción) es suficiente para llevar a cabo su propuesta. Si, el look neo nazi está conseguido  y hubiera podido dar a una épica urbana y sucia con la estructura de la obra del Bardo y un lenguaje moldeado para los cánones del cinematográfico. Sin embargo, para este crítico no ha sido así

Rídicula y tediosa. Un aburrimiento que yo no recomiendo a nadie. Esto es lo que me ha parecido esta película. Así que yo les recomendaria que no pierdan el tiempo con ella. Si quieren ver una buena adaptación literal de William Shakespeare les aconsejo Hamlet de Kenneth Branagth. Y por si contra, prefieren una versión mas libérrima de la Tempestad, prueben con esa joya de la ciencia ficción llamada Planeta Prohibido. Péro este Coriolanus a mi no me gustó. Están avisados.

NOTA: 2