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lunes, 16 de marzo de 2015

CRÍTICA: EL DESTINO DE JUPITER


Parece que corren buenos tiempos para la space opera. Amén de gozar de dos ejemplos tan fundacionales como Star Trek y Star Wars, que parecen tener mas buena salud que nunca (veremos en Navidad si eso se cumple con la última, pero apuesto que sí), la llegada de Guardianes de la Galaxia parece ser un relevo de altura. Pero nos falta ejemplos más diversos de esta modalidad, que en la literatura ha dado pie a mundos tan ricos interesantes y que en el cine, siguen esperando a que alguien encuentre el filón con audacia.

Y es que, a pesar de tener la tecnología necesaria para diseñar medieval punks espectaculares en el cine, el mundo del séptimo arte parece, actualmente, incapaz de crear fantasias especiales, en las que naves espaciales y caballeros de armadura congenien en un universo híbrido...con suficiente convicción. Sin ir mas lejos, Thor me parece, sin ser desdeñable, la franquicia marvelita más floja y bebe de muchos de los elementos que lo hace, salvando las distancias, con este El destino de Jupiter y que, para su fortuna acaba repitiendo su  principal defecto, aquí aún maximizado: Su artificiosidad formal y cierta vacuidad autoral.

Pero lo peor es que esto no es lo único malo del nuevo film de los Wachoswki. Y es una lástima porque no solo los directores de Matrix parecían los mas indicados para llevar la empresa a buen puerto. el film tiene una serie de elementos inspirados, lastrados por un film que se antoja "una sombra de lo que es y lo que pudo ser" demasiado díficil de obviar. Y es que, aunque no lo parezca, del mismo modo que hacen los Wachoswki con su cine, voy a ir a contracorriente y defender el film. Sí, es mucho menos de lo que podía ser, pero ante un panorama tan desolador para este subgénero es una nota de aire fresco y, en cierto modo, entretenido.

El film es muy dinámico, pero tan esquemático e intrascendente en su resultado intentando ideas irreconciliables que no cohesionan por culpa de un tapiz encorsetado. No sabemos si el universo de El destino de Jupíter está concebido para una trilogía y el estudio (harto de los sendos fracasos de Speed Racer y la incomprendida para un servidor, El Atlas de las Nubes) ha decidido hacer manufacturar el conjunto en un metraje de 2 horas o han sido los propios Wachoswki buscando el referente del serial clásico los que han construido el film en ese axioma. Pero se asfixia. Le falta metraje. No se puede hacer un Juego de Tronos futurista en 2 horas de película y hacer con ella una space opera autoconclusiva. Y lo peor: no se puede filmar las escenas de acción con tanta mecanicidad y exceso de artificiosidad en forma de CGI mal entendida. Es ahí donde los Wachoswki desaparecen.

Y en cambio, dejan su huella y funcionan cuando en las escenas má,s "marcianas" como el magnífico prólogo en clave "Eráse una vez" astronómico o el trámite burocrático a cargo de un autoreferencial Terry Gilliam, también cuerpo presente. También lo hacen con Mila Kunis, perfecta como Cenicienta Espacial, aunque el auténtico robaescenas es ese cowboy espacial con los rasgos de un excelente Sean Bean que, a pesar de estar desdibujado por el relato a medida que avanza el metraje, subvierte su rol a base de talento. Eso, es sin embargo, algo que el resto de los actores, amén de los citados, no llegan a hacer, sobretodo un sobreactuado Eddie Redmayne. Sí, creo que el actor de La Teoría del Todo aquí no esta nada bien. Y ese es otro de los escollos del que, sin embargo parece, la última oportunidad de los hermanos de hacer blockbusters.

Gafados de cara a taquilla desde Matrix, sería una lástima su ausencia en el mundo del entretenimiento a gran escala, ya que a pesar de su irregularidad fílmica, obras como la inicial Matrix o el film de culto El Atlas de las Nubes, los confirman como uno de los cineastas más interesantes de este siglo, junto al más exitoso, pero también desigual Luc Beeson: Genios capaces de las mixturas mas sorprendentes y, a veces, más sensacionales.

NOTA: 6



viernes, 24 de octubre de 2014

CRÍTICA: NINJA TURTLES

Atención palomiteros de pro: El modelo Michael Bay acaba de mutar en una variante que, de bien seguro, nutrirá de sana autocompetencia al original. No es que la película sea la monda, pero es que a diferencia de la saga robótica, Las Tortugas Ninja, de Jonathan Liebesman, no sólo son conscientes de sus limitaciones, sino que se aprovechan de ellas de una forma admirable. Para empezar, 100 minutos, pues esto no es la Vida de Adèle y no hace falta desarrollar profundidad dramática. Después, el argumento: Sencillo pero existente y con una claridad y ritmo narrativo qué hace que no pestañees durante el metraje.

A diferencia de muchas sagas, la remodelación de su universo es sólida y no tiene fisuras, algo menos habitual de lo que debería ser en las diferentes adaptaciones de personajes comiqueros. El tono: Naif, bobalicón, pero nunca estúpido,ideal para su target. Y las tortugas: tan excelentes a nivel digital ( ejemplar trabajo de ILM con Pablo Hellman a la cabeza) como a nivel de configuración dramática de personajes. Con cuatro pinceladas, se crean roles definidos y de carisma arollador. Y las tortugas lo son en este relato cuya textura cartoon de imagen saturada tiene mucho mas de la serie de animación original de lo que cabía esperar.

No en vano, los signos que han convertido al director de la Roca en un autor ( pese quien le pese) están recogidos por su discípulo, Johnatan Libesman, que viene mucho mejor arropado que en el greek fantasy de Ira de Titanes, y en todos los sentidos.  Dichos signos identitarios son, básicamente la grandilocuencia del sentido épico formal 2.0 : música onmipresente (y pegadiza, para qué negarlo), multiplicidad de planos imposibles por minuto (el camión en la nieve es uno de los ejemplos mas representativos de dicho rasgo), su sentido popular de la cultura, el slow motion como subrayado de la épica en cantidades generosas; y el gusto por el catastrofismo urbano; ideal para colar product replacement del tamaño de los quelonios protagónicos. Aquí todo ese conjunto de principios del mainstream Baythem se encuentran bien empaquetados en versión menú infantil, ideal para la desconexión y el placer lúdico.

Hay pegas, claro. Megan Fox no es April. No me parece nada creíble y la Mikaela de Transformers ejerce de protagonista, sobre todo en su primera mitad (suerte de Will Arnett, cuyo contrapunto cómico esta “al dente” y nunca se sale de madre). Whoopi Goldberg no podría estar más desaprovechada y no sabemos si su inclusión en el film es una excusa para hacer un guiño a la generación catódica de dónde vienen las tortugas mutantes u otra cosa, porque no aporta nada. Y las primeras secuencias de acción son excesivamente mareantes pese a su sencillez, debido a que uno le resulta no sólo muy complicada deducir que pasa no sólo en cada fotograma; si no en el conjunto de acciones paralelas que conforman dicha set pieces.

Mucho mejor son las últimas, cuya mejor exposición visual explota el potencial pirotecnico de este “sábado por la tarde” que este Ninja Turtles ( o mejor dicho, Tortugas Ninja. La no traducción del título es un hecho, digamos, incomprensible). En fin, que seguramente me he extendido demasiado. Mejor vayan a verla con la cabeza de un niño de 4 a 12 años, tomen una pizza en lugar de palomitas y griten "Cowabunga" antes de entrar a la sala. Seguro que entonces pasaran 100 minutos de placer cómplice.

NOTA: 6,5

viernes, 15 de agosto de 2014

CRÍTICA: GUARDIANES DE LA GALAXIA

En uno de los capítulos de una de las mejores space opera de los últimos años ( el anime catódico Space Cowboy), los personajes intentaban descifrar en plena era futurista un misterio encerrado en una cinta de vídeo BETA; teniendo que recorrer la galaxia para encontrar un reproductor con el que devolver la vida al espíritu analógico. James Gunn también encuentra un macguffin para devolverel espíritu lúdico de los 80 ( y también de la série B de antaño), impregnando de la música de la productora Motown cada fotograma del film. Es casi quimérico en el mega blockbuster actual encontrar tanta huella personal como el que imprime el cineasta de Sant Louis. Pero el director norteamericano ha logrado unir sus referencias culturales con los esquemas narrativos y cinematográficos del film consiguiendo un producto de gran calidad.

El precursor de este modelo fue Joss Whedon y sus Vengadores donde también el chiste cómplice era el material con el que engrasar la coralidad del conjunto. Gunn aún tiene menos coartada que su antecesor y es aún más temerario en sus ambiciones. Es consciente que público general no conoce ni a Star Lord, ni Rocket o Groot y sin embargo, al terminar la cinta, uno le da la sensación que entre bromas, secuencias de acción y sentimiento loser con cierto halo de nostalgia, los roles y su compenetración no sólo están bien definidos si no que calan en el público.

Chris Pratt es un Han Solo melómano un tanto pasado de rosca pero tan encantador como lo son los justicieros canallas con un pie puesto en la calle. Zoe Zaldana es perfecta para el personaje de Gamora con su físico fuerte, bello y circunspecto. Dave Bautista usa sus habilidades westling y su acting a lo Terminator para hacer de Drax; a la vez que se ríe de sí mismo. Pero los más memorables són Groot (cuya aportación de Vin Diesel al personaje es casi anecdótica, eso sí) y Rocket, dónde aquí sí, Bradley Cooper hace de este mapache el roba escenas nato de la función.

Dejando un lado al grupo, la cinta se sigue con ritmo, claridad expositiva y amplitud de planos que ayudan a la majestuosidad de los escenarios digitales. James Gunn también aplica el modelo clásico a la fotografía aunque quizá se complica demasiado con una tramaalgo afectada por la sobrepoblación de personajes. Y es que Guardianes aparte (y quizá con la excepción del rol de Michael Rooker), el resto del cast lo componen personajes de una sola pieza. Pequeños defectos para estos Guardianes de la Galaxia que haria un binomio perfecto con la tripulación del capitán Harlock, con Buck Rogers o el citado Spike Spiegel del anime de Watanabe ( y así un largo etcerá)  Poco que objetar a menos de que el humor referencial con síntomas de spoof se te atragante o que tu espiritu fanboy brille por su ausencia. Si es así, puede que no puedas subir a bordo y otra vez será. Pero si algo de que he dicho te ha hecho centellar los ojos aunque sea un poco,  no lo dudes y embarcaáte en estetebeo especial porqué..."Tu también eres Groot".

NOTA: 8

domingo, 29 de junio de 2014

CRÍTICA: EL EXTRAODINARIO VIAJE DE T. S. SPIVET

Atención madres y padres: ya basta con atiborrar a vuestros hijos de fármacos contra hiperactividad y otras estupideces. Porque si os dais por aludidos, aquí este director francófono ha llegado para deciros que aquí el único que tiene el cerebro atrofiado sois vosotros. Y eso es culpa de tanto consultar la Wikipedia por el móvil.

Porque en la edad que comprende de la infancia a la adolescencia, los niños tienen que ser un polvorín de preguntas, imaginación y barroquismo tan grande como el que aquí vuelve a demostrar Jean-Pierre Jeunet en su última cinta, El extraordinario viaje de T.S. Spivet. Todo para que a través de unos colores saturados, personajes esféricos y movimientos de cámara cartoon- circense nos llega la historia de T. S. Spivet, un pequeño genio en la ciencia que busca no sólo entretener si no ofrecer valores no tanto estéticos si no morales: sin maniqueísmo, con inteligencia y con lucidez. Y paradójicamente lo hace mediante el instrumento tecnológico de última moda: un 3D ideal para troquelar la ficción del cineasta francés.

Y es que a diferencia del "Peterpanismo" que vimos recientemente en el Gran Hotel Budapest, el carácter naïf del director de Delicatessen dista mucho con el universo "Wesandersiano". Dónde en uno, apela el espíritu del nerd encantado de serlo apoyándose en el armazón de sus historias como vínculo emocional, aquí todo es un júbilo encanto de su infancia. Un festín protagonizado por Kyle Catlett en el rol de T. S. Spivet; superdotado de doce años que vive en un rancho en Montana con su peculiar familia. Su gran talento para la cartografía pronto tiene recompensa. Una institución científica le concede un prestigioso premio y, armado con una pequeña maleta, se dispone a cruzar el país para recogerlo. Así es como empieza esta road movie basada en un relato de Reif Larsen, música de Denis Sanacore, fotografía de Thomas Hardmeir y cómo no, un diseño de producción del gran Marc Caro. Y actores perfectos en el papel, claro está: como esta mentora mediática a la que da vida Judy Davis.


Sin embargo, a pesar de estas rasgos que humildemente señalo como virtuosos (habrá que los repelará justamente por lo mismo, obviamente) considero que la película no es perfecta. Sobre todo a mitad del metraje, se antoja que el viaje por Usa hasta el Smithsonian del pequeño lumbreras está a punto de caer en la mera caligrafía autoral. Sin embargo, un ácido final dónde la telebasura y todas los prejuicios educativos mencionados anteriormente se introducen en la guillotina,  el film levanta el vuelo. Y se eleva como un producto necesario ante la estulticia de cierto cine infantil de carne y hueso, que si bien no rompe la pana, seguramente se alzará con lo mejor de la estirpe de su cosecha. Quizás es menos de lo que esperamos de Jeunet, que es la más "comercial" de este director, pero El extraodinario viaje de J. Spivet es un entretenimiento de calidad para toda la familia; sin alejarse de lo que ha convertido el director de Roainne en lo que Es. Mercie Mounsieur Jeunet.

NOTA: 7


sábado, 8 de febrero de 2014

CRÍTICA: AL ENCUENTRO DEL SR BANKS


En 1954, Walter Elias Disney pronunció una frase que podia resumir su amplio legado histórico: "Todo empezó con un ratón". Y es que fue así como nació la leyenda de Walt Disney; el hombre y también la marca más universal y eterna del mundo del cine. 50 años después de su muerte, la propia compañía le rinde tributo con este Saving Mr Banks ( al Encuentro del Sr Banks, pésima tradución del original) donde a partir del proceso creativo de una de sus mágicas obras (Mary Poppins), nos expone la verdadera naturaleza de su obra enfrentando al creador visionario con la orna de su zapato: la escritora australiana P.L. Travers. Y lo hace centrándose en la figura de esta última para reconstruir el imperio que hay bajo el castillo de la Bella Durmiente. Y lo hace con…dos películas a la vez.

La primera ocurre durante el famoso working progress del film protagonizado, por Julie Andrews. Es la mejor. Dicha parte está capitaneada por una fantástica Emma Thompson que interpreta a un personaje estirado, maniático y ateo del mundo de los sueños infantil.  Pero no está sola. B. J Novak, Bradley Withford, Paul Gamatti yJason Schwartzman están espléndidos y rodean a la escritora; amén de un excelente Tom Hanks como Walt Disney. El actor de Philadelphia o Forrest Gump se convierte literalmente en el creador de Mickey Mouse y no rehúsa a crear un personaje tan mágico como “ambiguo”. 

Y es que uno de los grandes aciertos del film y que va en consonancia con su significado es que no olvida la parte oscura de Walt; la oculta convenientemente e incluso la hace vislumbrar en ocasiones pero justifica su omisión porque quiera dar énfasis en el verdadero significado de la evasión; como vehículo no sólo para soñar si no de salvamento espiritual.

Por su parte, la otra cinta es más obvia y aunque acaba siendo esencial al final para que l clímax funciona, le sobra metraje y está menos cuidado tanto actoralmente como técnicamente. Collin Farell y Ruth Wilson están correctos, sin brillar en unas secuencias que a veces se hacen reiterativas y algo acarameladas. Son el pasado de la artista como caja de resonancia de la actual pero sólo acaban de dotar a la cinta de genuina magia pasada la primera hora.

Aun así, Saving Mr Banks es un magnífico complemento para el visionado de la joya disneyana que fue Mary Poppins. Ideal para las generaciones que crecieron con el film que son varias y mas que serán y para los que quieran saber porque al cine se les llama séptimo arte.

NOTA: 7,5

jueves, 29 de agosto de 2013

CRÍTICA: CAZADORES DE SOMBRAS

El collage fílmico alcanza una de las cúspides más insólitas de los últimos años. La responsable de tal hito es la primera entrega de Cazadores de sombras (Los instrumentos Mortales en versión original), un cúmulo de referencias blockbusters tan excesiva que no duda sacrificar la coherencia desde el minuto 5 de metraje. Pero sin embargo su dinamismo la hace navegar en un mar de viñetas tan absurdas como divertidas. Aunque nada de lo que suceda ni tiene sentido ni para los espectadores ni tan siquiera para la guionista Jesica Postigo; la encargada de adaptar el texto de Cassandra Clare (autora de la saga literaria).

Hace mil años, el ángel Raziel mezcló su sangre con la de los humanos, creando la raza de los cazadores de sombras, que conviven con nosotros con la finalidad de protegernos de los demonios y otros seres sobrenaturales malignos. En este caso, los cazadores deberán proteger a Clary, una quinceañera pelirroja con los rasgos de Lily Collins que esconde más de un secreto en su interior.  En el camino, nuestra heroina será ayudada por Jace; papel encarnado por Jamie Campbell Bower que también ejercerá de principal interés romántico de la chica.

Y así podríamos resumir muy llanamente este batiburrillo. Porque el principal problema del film es que no queda claro su propio universo; tan complejo que no está ni definido y estructurado al menos en el film. 

Vampiros, hombres lobo que son hombres-rotweiller, ángeles, demonios, cazadores de sombras, brujos, poseídos...Si alguien se creía que True Blood era el caos iconográfico en persona esperen a ver este gazpacho en celuloide. Eso sí, sin sangre y con buenísimo; que va dirigida a un target adolescente.  Una mezcla con un buen reparto; a pesar de que este se encuentre al servicio del libreto (Jared Harris, Lena Headey  Rhys-Meyers y la propia Collins). Y que si a eso le sumamos la BSO de Atli Örvarsson y la dirección jocosa y dinámica de Harald Zwart, tenemos como resultado final un producto entretenido que cumple a pesar de su inconsistencia argumental.

Pero no se engañen: esta ensalada de Crepúsculo con salsa de Hogwarts, aceite de X-Men, vinagre de Stargate, remolacha de Blade y no sé cuantos ingredientes mas es una oda a la sobresaturación que si bien es propia de la era Wikipedia difícilmente casará con su público potencial. Al menos como obra de gran calado generacional. Ese testigo lo tienen ahora los Juegos del Hambre y no parece que esta saga que se nos presenta  le vaya a arrebatar el trono (de hecho en USA ha sido un fracaso en taquilla). Ni teniendo a la Cersei de George R. R. Martin en sus filas...

NOTA: 6





lunes, 19 de agosto de 2013

CRÍTICA: PACIFIC RIM

La personalidad fílmica de Guillermo del Toro es la de un niño grande. Uno que sigue disfrutando con jugar aún con munecos ya sean vampiros mutantes, demonios fumadores o en esta ocasión robots y godzillas del tamaño de un rascacielos. Pero lo mejor de todo es que sabe filmar esta clase de historias como pocos.  Aquí lo vuelve a hacer. Técnicamente el film es oro puro. Otra cosa es el libreto en el mejicano canaliza su visión cinematográfica...

Y es que por si no había quedado claro, espués de ver este film queda claro que Guillermo del Toro es tan bueno como el material que tiene entre manos. Si en el laberinto del fauno firmó su mejor obra con diferencia grácias a su guión de hierro; en este anime superficial y autoconscientemente rîdiculo no va ser sentar catédra en el séptimo arte. Es un producto palomitero hueco pero sin la única pretensión de entretener y divertir al espectador. Y al menos este crítico disfrutó de lo lindo durante los 130 minutos de metraje. Pasaron en un suspiro.

                             

Además, el director de Hellboy sabe usar los mecanismos narrativos con inteligencia y economía. La contextualización y la  compleja iconografía del mundo del film nos lo presenta en los primeros 5 minutos, antes de ver el título del film en pantalla. Todo empieza en el año 2020, cuando la Tierra es atacada por Kaijus, monstruos colosales que han surgido a partir de un portal inter-dimensional en el fondo del Océano Pacífico. Para luchar contra los monstruos, la humanidad col.labora para crear a los Jaeger: unas gigantescas maquinas humanoides, cada una controlada por dos pilotos cuyas mentes están unidas por un puente neural. Después de unos trágicos incidentes que marcan la vida de un piloto llamado Raleigh Becket ( Charlie Hunman de Sons of Anarchy), los Jaeger deberán a enfrentarse con la peor ofensiva de Kaijus hasta la fecha.

Los personajes son estereotipos pero visto desde el prisma del humor autoconsciente. Desde el protagonista Raleigh pasando por un Idris Elba fantástico como Mariscal Stacker Pentecost y el máximo motor emocional del film; Mako Mori encarnada por Rinko Kikuchi. No faltan los secundarios robaplanos como Ron Pelman, el actor fetiche de Guillermo del Toro u otras presencias "amiguetiles" que le dan al producto un aire familiar, de aquel que disfruta con lo que está contando. Además, las escenas de acción usa planos abiertos para no confundir al espectador como a veces nos tiene acostumbrados el cine de acción. Sin embargo, su condición de producto de manual también hace que mas allá de su ejecución, hace que el film sea esa "caipirinha" veraniega que se disfruta mucho pero no deja huella. Como los buenos cócteles refrescantes.

NOTA: 6,5

jueves, 14 de marzo de 2013

CRÍTICA: JACK, EL CAZAGIGANTES

Si algo funciona, cópialo. Ese el principal lema del emporio del cine USA que parezca capaz de vender su alma al diablo para exprimir la gallina de los huevos de oro. Ante la falta de ideas, darle las vueltas a los mismos ingredientes para preparar el mismo cóctel. A veces, el experimento tiene resultados loables o incluso de gran calidad. Otras acaba siendo un sin sentido como el que hoy nos ocupa, al menos para este servidor: Jack el Caza gigantes.

Una antigua guerra se reaviva cuando un joven granjero abre sin darse cuenta una puerta entre nuestro mundo y una temible raza de gigantes. Estos secuestran a una princesa y él tendrá que rescatarla. Un argumento sencillo muy en la estela de " la Princesa prometida" o Willow que tanto brillaron en la década de los 80 en el cine de fantasía y aventuras. Pero bajo quien suscribe, muy mal efectuado. Y encima por alguién capaz de dar el pistolezo de salida a la hordas superheroicas que han invandido el cine en la última década del siglo XX: Bryan Singer, creador además de Sospechosos Habituales y el personaje de Gregory House para la TV.

Cuesta entender que un director de gran sobriedad visual haya dirigido este desaguisado final y más con los desorbitados números que hay detrás. 300 millones de euros. 2 años de rodaje. Todo para que el resultado final no luzca en la pantalla. Los efectos especiales son de videojuego empezando por un prólogo de animación digital para olvidar. Pero el resto no le anda a la zaga. El diseño artístico tan cuidado en este tipo de propuestas da la sensación de ser cartón- piedra o en esta ocasión de cartón-croma. Un discurso estético sin ninguna autoría donde los uniformes parecen una fiesta casera de disfraces. Ver para creer. ¿Qué has hecho Brian?

Pero el principal problema es el guión. ¿Infantil? No, estúpido. Los diálogos son simples, las situaciones ridículas, su humor me parece vulgar. No obviaré que el ritmo es trepidante pero su artificialidad de personajes, efectos y todo el conglomerado de la historia me hicieron imposible implicarme en ella por muy ostentosa que sea esta pretendida montaña rusa palomitera.

Eso sin hablar de sus referentes previos. Incluso el score es una copia de El señor de los Anillos de Peter Jackson y sobretodo en la vertiente más lúdica y juvenil que este mostró en la primera parte del hobbit. Pero ni Brian demuestra la capacidad visual del director de Agárrame esos fantasmas ni nada que se parezca a su sello personal que siempre estaba incluido en sus films previos. Solo algún otro destello de humor inspirado, salvan este despróposito a todos los niveles. Una pena que no me haya convencido. Otra vez será.

NOTA: 3



LO MEJOR: Su dinamismo y falta de pretenciosidad.

LO PEOR: Confunde infantilización con estulticia y carece de falta de estilo.




viernes, 8 de marzo de 2013

CRÍTICA: OZ





La era de Google y la sobreinformación ha venido conjuntamente con una crisis de creatividad en el cine de Hollywood. George Lucas ha sido su culpable indirecto no sólo convirtiendo su Star Wars en franquicia si no extendiendo el legado fílmico de la marca en la reconstrucción de sus propios iconos con sus precuelas. Algo que el emporio de Sunset Boulevard ha convertido en moda y de ahí que alguien como Sam Raimi se vea relegado a categoría de artesano para revisitar el mundo de Oz a través de sus orígenes. El resultado no presagiaba nada bueno. ¿Otro ejercicio de remix que canibaliza los referentes culturales anteriores para crear un vínculo con el espectador? ¿No sería mejor crear algo nuevo que inyectarle sustrato a un referente previo para ocultar su superficialidad y oquedad?

Pues va a ser que no. Sam Raimi pulveriza todos los prejuicios y nos trae una maravilla con un James Franco en estado de gracia y el mundo mágico más deslumbrante que he visto en el cine desde la Tierra Media de Tolkien. En Technicolor 2.0. Y en 3D.

El film recrea los orígenes del Mago de Oz. Oscar Diggs (James Franco), un mago de circo de poca monta y de dudosa reputación, tiene que abandonar un Kansas en blanco y negro para trasladarse al brillante y colorido País de Oz donde se verá envuelto en una guerra entre tres brujas.

Después de escuchar palos al film del director de Evil Dead, me sorprendió gratamente en su visionado el talento mostrado en el largometraje. Para un servidor, Oz es un milagro y demuestra lo infravalorado que es Sam Raimi en la industria palomitera. El creador del Spiderman bajo las rasgos de Tobey Maguire nos trae un canto a la infancia, a la magia, tan autoparódica y desvergonzadamente cursi que me ha parecido simplemente irresistible. Un reparto en que el único pero que le detecto es una Rachel Weisz un pelín discreta y alguna secuencia con regusto efectista y un tanto forzada; imposiciones comerciales para que la sombra de la fatalidad nos haga encajar las piezas con su obra madre. Ese es el principal problema de Oz. Este diseño de orfebreria está al servicio de cierto mercantilismo insano que si en vez del sello de la obra de Braum hubiera llevado uno mas autoral, hubieras podido estar hablando de una obra maestra.

Pero lo que tenemos es pura delicia. Una montana rusa visual con un Oz arrollador y canalla cuyo giro final a lo heist movie haría las delicias del Tarantino mas bélico; amén de un broche cerrado sin traicionar su etiqueta de producto. Ver para creer. Igual que una sensibilidad a flor de piel, ingenua y hasta minimalista como una muñeca de porcelana. Con esta obra, después del pequeño traspiés que supuso su última incursión en el universo del trepamuros, el de Michigan se revaloriza como cineasta.

En definitiva, Oz no es el clásico de la Metro Goldwyn Mayer pero es una de las mejores cintas de fantasía que yo he visto en mucho tiempo. Y si, el Mago de Oz es una de las novelas de mi infancia pero no soy ningún fan de la obra  de L. Frank Baum, ni la citada pelicula protagonizada por Judy Garland. Simplemente, son las impresiones de este cronista que se ha visto seducido por una obra que le ha cautivado. Espero que ustedes también lo hagan. Y si no, no pasa nada. Esto es cine.


NOTA: 8


martes, 19 de febrero de 2013

CRÍTICA: CLOUD ATLAS ( EL ATLAS DE LAS NUBES)

Después del batacazo comercial que supuso Speed Racer, los Wachowski tenían que encontrar su próximo proyecto. Y no han hecho ningún proyecto intimista, si no su más grande empresa; una incluso más aparatosa que la propia Matrix: Cloud Atlas. Una película de ciencia ficción escrita y dirigida por Tom Tykwer y ellos mismos; basada en la novela homónima de 2004 escrita por David Mitchell.


La película se compone de seis historias interrelacionadas y entrelazadas que llevan al espectador desde el Pacífico Sur en el siglo XIX, hasta un futuro post-apocalíptico. El film defiende una idea muy común en la filosofía new age: la reencarnación existe y vivimos múltiples vidas pasadas desde el principio de los tiempos y cada vida presente estará de algún modo relacionada con el pasado y lo estará en el futuro. El conductor no cambia pero si el coche.

Independientemente, que se crea o no las creencias del film estamos delante de un espectáculo tan apabullante como inaudito. El director de " The Internacional" y los creadores de Matrix casi logran la película imposible: una ova de acción real a lo Magnolia, en formato de libro de filosofía de autoayuda. Densa pero ingeniosa y que entretiene a lo largo de las 3 horas que dura. Porque aunque su continua voz en off chirria un poco y la complejidad del relato es mas enrevesada que el Sueño Eterno de Howard Hawks, estamos ante una obra dinámica y fascinante que funciona con aciertos inusitados; huyendo del maniqueísmo y el sermón ( no como la vida de Pi, por ejemplo)

¿Y cuáles son esos logros? Pues, primero de todo un sentido del humor y del auto parodia que en Matrix estaba exenta; pero que aquí funciona con momentos tan locos como arriesgados que mejor no destripar a los espectadores. Sólo diré que hace imprescindible la galería de caracterizaciones de los actores interpretando diferentes papeles en diferentes vidas; aspecto que convierte el film en un festival imprevisible que personalmente me dejo atado en la butaca.

Y también su fluidez antes citada. Algo que le hace muy difícil de seguir para el espectador pero la convierte en una montaña rusa de géneros cinematográficos que funciona por contraste. Véase que cóctel más variado: Una historia futurista que bebe de Mad Max, el Apocalypto de Mel Gibson con MacPhisto incluido. Un relato ubicado en el Sur del Océano Pacífico de 1849 que mezcla Amistad con Misery. Una Downton Abbey con toques a lo Brockeback  Mountain y Amadeus; protagonizada por un joven músico inglés con los rasgos de Ben Wishaw. Una comedia geriátrica con tintes de road movie a lo Blues Brothers. Una Akira en imagen real en toda regla con tintes a lo Zhang Zhimou...

Eso y mucho más es lo que intenta ser esta película. Como he dicho, algo imposible. Y es cierto que no lo logra pero está muy cerca. Me hubiera gustado que cada pieza hubiera tenido más personalidad. Por ejemplo: que la parte ambientada en Neo Tokio recordara al Katsumo Katsuhiro que firmó la obra cumbre del manga anteriormente mencionada. Pero es sólo caligrafía cinematográfica. Todo está filmado con el mismo brío y los mismos códigos; ya estemos ante una vida con trama setentera al estilo " Los 3 días del cóndor" como a otra con una premisa que hubiera hecho las delicias del reciente Spielberg y su Lincoln.

En definitiva, una gran obra de cine arriesgada pero interesante. Díficil de definir y una cinta de digestión tan compleja, que me resulta casi imposible valorarla en un primer visionado. Esta nota que le pongo es orientativa; la iré descubriendo a lo largo del tiempo. Pero lo que si etoy seguro es que Cloud Atlas, es un caramelo visual envuelto en un diseño de producción, una caracterización de los personajes y una banda sonora oscarizable. Pero también una cinta mas ingeniosa que excelente, más simpática que excelsa. Ganará con el paso de tiempo, con múltiples visionados y será un film de culto y la más infravalorada del año. Es mi apuesta para el futuro. Y creo que la defenderé tanto en esta vida como en la futura.



NOTA: 7